Estanflación: una llamada a tiempo

Hands writing on old typewriter over wooden table background

*Luis Pérez Lezama

Recientemente conversaba con mis alumnos sobre el destino de la economía mexicana, que es un tema muy serio, más allá del simplismo con el que hemos dicho que el gobierno federal pretende que lo veamos. Yo les comentaba a mis educandos que no debemos dejarnos llevar por las “curiosidades” o las “ocurrencias” de quienes tienen el delicado encargo de representar el voto ciudadano toda vez que el gobernante siempre actuará dos papeles: Aquel en el que los reflectores, las cámaras y los micrófonos le apunten y otro hacia el interior del gabinete donde se toman realmente las decisiones.
En el primer rol, el actual primer mandatario de la nación muestra claramente su personalidad, su reducido vocabulario técnico, su amplio manejo de los escenarios donde desde hace muchos años esta cómodo, se percibe también un estilo definido, un tono de voz que ha ido modulando con los años (el presidente no hablaba tan despacio al inicio de su carrera política), ha ido también con el tiempo practicando la sonrisa convincente que arroja a los periodistas a sus dominios carismáticos. Repiense usted por un momento esa curiosa combinación de imagen de “pueblo” con ese tono plateado que le dan las canas y que nos hace pensar que estamos hablando con un individuo que está verdaderamente cansado de los corruptos de antaño y que su compromiso moral lo convierte en un político diferente, con un “arrastre” innegable entre la población que aspira a las respuestas prácticas de “alguien que es, como nosotros” pero ojo, el presidente actual no es el primero ni será el último mandatario con este perfil social ajustado a la clase media votante, el efecto “Fox” es el referente inmediato del nuevo populismo en México que también “arrastraba” multitudes llenando los auditorios y las conferencias de prensa de odio contra las “víboras y tepocatas” levantando arengas entre el populo. Nada más equivocado.
Son poses, querido lector y se dan con frecuencia en todos los niveles de gobierno sólo que por años se había preferido contar con perfiles más intelectuales, más “acartonados” y menos “pueblo” para dirigir una nación. ¿Las preferencias? Por Dios, los mexicanos andamos en otra cosa, el mexicano anda “correteando la chuleta”; manejando el microbús, cobrando el peaje en la caseta, vendiendo “platanitos” en la autopista, atendiendo la tienda de abarrotes, dando clases en la escuela, cargando el garrafón de agua, comprando las tortillas, persiguiendo el pago que no ha salido o esperando la quincena frente al cajero automático ¿Qué atención real le puede dar el ciudadano promedio al presidente? Basta y sobra con saber que ya no están los “otros” los que “robaron” y que ahora esta uno que es “mejor” y que “este no va a robar” pero, sobre todo, en el peor de los casos “mejor éste, que los anteriores”. El mexicano pues, tiene el presidente que le entretiene y por eso votó.
Del otro lado querido lector, en la otra mano está el otro presidente, el que tiene que gobernar y tomar decisiones, el que esta despreocupado porque sabe que 33 millones votaron por él y que si acaso seremos uno o dos millones de críticos, de analistas incendiarios que nos damos cuenta que el rumbo de la economía nacional es no sólo verdaderamente preocupante sino peligrosamente irreversible porque cuando se pierde la confianza no sólo se pierde el crecimiento sino también se pierde la paz social.
Y es que es menester decir claramente que más allá de la “rifa del avión” que en realidad no es rifa sino recaudación, de la eliminación de los “fines de semana largos”, de las contradicciones al interior del cuerpo de gobierno y de las estrategias “para marear” o desesperar a los medios, la realidad es que las finanzas públicas están empezando a resentir el primer año de algo que le hemos venido diciendo en este espacio que ocurriría. Mire usted, el 7 de marzo de 2017 (para lo que señalan que sólo se crítica al actual presidente) publique una columna titulada: “Estanflación y elecciones municipales” donde escribí sobre el riesgo de una economía desacelerada con una formación de precios (inflación) al alza y señalé también que, aunque pudiera revertirse temporalmente esta tendencia si no se tomaban medidas contra cíclicas de largo plazo, el riesgo de caer en este escenario estanflacionario era alto.
Casi dos años después, con un nuevo presidente, un secretario de Hacienda caído, un aeropuerto cancelado, una confianza extraviada, cientos de ocurrencias vertidas y tres “Doritos” después el “fantasma” ha regresado: El empecinamiento en proyectos caprichosos, la cerrazón absurda sobre las ideas centrales, el obstinamiento constante sobre la tarea de dividir a correligionarios contra adversarios, la mesiánica insistencia de ver la realidad a través de quien habla y no desde el ángulo de los datos duros pero sobre todo la insistencia en crear un absurdo nuevo concepto de distribución de la riqueza cuando en el mundo ya ningún país es absolutamente capitalista y menos 100% socialista; ese atrapamiento en el pasado es el que esta generando que la economía mexicana este capturada por un riesgo estanflacionario donde es posible que no veamos un crecimiento más allá del 0.6% durante 2020 y lamentablemente presenciemos un aumento en la inflación superior al 4% con tasas de interés aún recesivas cercanas al 7% hará imposible el sueño de una “mejor distribución” de la riqueza si ésta desaparece.
El papel de los asesores, de los consejeros, es vital en estos casos porque no están ahí para decir que “si” o “ver la manera de como hacerlo” sino para decir que “no” cuando no sea viable para el futuro de la nación porque más allá del sueño de un presidente esta el proyecto de una nación, un estado de derecho sólido y un crecimiento sostenido. Hago votos para quienes rodean al primer mandatario logren, no sólo intenten, logren repito convencerlo que el dinero es finito y que a todos conviene que el jefe del gobierno federal empiece a tomar decisiones económicas eficientes. Créame, él sería el primer beneficiado porque de no hacerlo, como dijo Homero: “Después de lo sucedido, hasta el necio es sabio”.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista.

Twitter: @SAVERThinkLab

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