Simplismo económico

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Luis Pérez Lezama

Quienes me conocen saben que tengo una formación disciplinada, lo que no quiere decir que siempre haya hecho las cosas con perfección, pero tengo bien claro lo que está bien y lo que está mal, un cierto sentido del riesgo, una ubicación muy clara tanto de lo que debe hacerse como de lo que es incorrecto; igual que usted o que muchos. Esta condicionante de mi personalidad me ha hecho fácil el camino por el análisis de la economía y las finanzas ya que una dosis de paranoia, una pizca de observación, un sentido de la ubicación bien definido y un pensamiento prudencial son elementos indispensables para quienes nos dedicamos a esta apasionante labor de escudriñar entre los datos macro y los mercaderes, las gráficas y el comportamiento de las variables, esto ocurre porque los estudiosos de la economía somos verdaderos enamorados de las ciencias sociales. En mi caso particular debo este perfil por supuesto a mi genética, pero también a la formación disciplinada que me ofreció mi padre porque créame que el talento no basta, hay que trabajar en el pulimiento de la persona y en el crecimiento personal. Formación le llaman.
Estoy cierto que la mayoría de los mexicanos hemos sido educados con intenciones similares y por eso es preciso que entendamos lo que esta bien y lo que esta mal en este país ya que hemos sido poco expuestos al aprendizaje económico o financiero. Piense usted un momento ¿Cuándo recibió su primera clase de economía? El grueso de la población no aprende sobre estos temas ni en kínder, ni en primaria, ni en secundaria; es hasta preparatoria cuando si bien nos va alcanzamos a cuadrar algunos temas escolares con lo que vivimos día a día en casa. Cuando cumplimos la mayoría de edad no entendemos nada de economía y nos toca ir por primera vez a elegir a nuestros gobernantes ¡Que extraña coincidencia! Llegamos a la edad adulta con una cultura financiera puramente empírica sin fundamentos teóricos y por ende el nivel de éxito en nuestras vidas es inversamente proporcional a nuestra felicidad. El que es feliz no es exitoso mientras el exitoso no es feliz.
Le comento todo esto porque el jueves 30 de enero se confirmó la recesión económica en México, esa de la que tanto he venido escribiendo en mis columnas y se ha echado por tierra la tesis de que “Estamos bien” o de que “Vamos bien”. El país lleva más de 20 meses consecutivos sin crecimiento y nadie se ha dado cuenta que tanto las voces que intentan justificar que la explicación es por factores externos de desaceleración mundial o cambio sexenal como aquellas que señalan que el origen del decrecimiento es interno, idiosincrático y motivado por la falta de confianza en las políticas transformativas del nuevo gobierno tienen una coincidencia. Esa coincidencia es que, carajo ¡Estamos mal!
La causa de la recesión no es producto de un solo gobierno, pero si es responsabilidad del actual corregirlo, esa fue la promesa ¿No? El diagnóstico no es difícil de entender, nuestro país es una nación joven con un nombre oficial que apenas va a cumplir 123 años de edad y cuya independencia apenas va por su cumpleaños 200 en el año 2024. El país es un puberto, un rapaz muchacho que ha ido aprendiendo “a la mala”, que ha tomado pésimas decisiones, que ha sido manipulado por “amigos” y “enemigos”, que se roba el dinero de sus padres, que pide prestado cuando no lo necesita, que engaña a quienes creen en él, que no les leal a sus verdaderos amigos, que traiciona a quienes confían en él y sobre todo es poseedor de un egoísmo confuso que no le permite redimirse ni darse cuenta que tiene una gran responsabilidad con su propio futuro, que no come bien ni goza de salud adecuada.
Bajo esta analogía, este muchacho al que llamamos Estados Unidos Mexicanos necesita corregirse urgentemente por eso preocupa mucho que el primer mandatario de la nación, el tutor de este país, el que tiene que meterlo en cintura, el encargado de conducir los esfuerzos de este chico rebelde en formación, manifieste que “Vamos bien”, que “No pasa nada” cuando el sector industrial esta en recesión desde hace un año y a nada de entrar en crisis, preocupa más que el primer mandatario nos diga que los resultados del PIB al 1er. año de gobierno “No le importan mucho” y lo peor que no pueda explicarnos como es que con menor riqueza nacional y un mayor número de habitantes que el año pasado se puede distribuir mejor el PIB per cápita. La lógica aritmética indica que si existe un decrecimiento productivo y un aumento de la población el ingreso por persona se reduce porque el dinero es finito y si el estrato más bajo posee mayor ingreso los demás verán mermado su gasto familiar. No hay “mejor distribución” lo que hay es “simplismo económico oficial” se está minimizando el problema mirando sólo hacia abajo entre los más pobres o atizando el fuego a los que más tienen, pero se olvida a la clase media que somos usted y yo, que estamos justo en medio de esta indiferencia viendo como México no crece, al tiempo que “no pasa nada” mientras no nos alcanza para terminar la maldita quincena.
Vamos a entrar en un año donde los riesgos son más altos que en 2020, ya no tendremos guerra comercial, pero tenemos riesgos de salud pública internacional como el “Coronavirus” que generará paranoia entre la población y desatará el consumo. La presión de los salarios generará aumentos en el precio de los servicios y si el tipo de cambio se “aloca” veremos a las mercancías alimenticias subir aún más su precio después del impacto del IEPS. No tendremos tampoco la suerte de contar con agropecuarios y energéticos tan baratos, ni tampoco tenemos certeza de que la confianza se recupere; el fantasma de la estanflación aparecerá si seguimos oyendo que “No pasa nada” con este joven llamado México, por eso es momento de ponernos serios, de dejar de defender lo indefendible. La economía mexicana vive un momento crítico y es urgente hacerle frente con responsabilidad, con dureza y con energía porque este país necesita crecer, hacerse grande, hacerse fuerte, madurar, volverse adulto para que asuma su responsabilidad con sus hijos mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo. No más fórmulas simplistas.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz