Despiden a ex alcalde con aplausos y música

Betsabé Cárdenas García
El Mundo de Córdoba

A ritmo de la tambora, las trompetas y los platillos, como a él le gustaba, don Ángel Morgado Caramón, ex alcalde y líder agrarista, fue despedido por amigos y familiares que no dejaron de aplaudirle durante el cortejo fúnebre que inició en su casa en la colonia San José hacia la iglesia de Santa Cecilia, para luego continuar por las colonias fortinenses.
A paso lento, con la tristeza en la mirada, pero con muchos aplausos y porras, decenas de personas acompañaron a la familia Morgado Gómez en el último recorrido de quien fuera uno de los hombres más queridos de Fortín.
Durante el recorrido por las colonias San José y Melesio Portillo, de las que participó de su fundación, los vecinos salieron a despedirlo con aplausos, mientras su féretro era custodiado por patrullas de Tránsito del Estado, corporaciones de rescate como Águilas Negras, Bomberos y Protección Civil.
La banda de viento de la comunidad del Duraznillo de Coscomatepec, entonó diversas melodías, pero principalmente “La del moño colorado”, que a decir de los amigos, era la favorita de Don Ángel Morgado.
A su llegada a la iglesia, el cuerpo fue recibido por el padre Fidel Marinero, quién reconoció que Morgado Caramón “fue una persona altruista, sensible que se preocupó por las personas que tocaron sus puertas y además se dirigió a sus familiares, ojalá ese gran corazón les haya dejado a sus hijos, nietos, bisnietos y vean que vale la pena hacer el bien y no son las cosas materiales sino los valores que cultivó”.
Posteriormente, se agregaron cientos de personas que lo acompañaron al Palacio municipal en un recorrido lleno de cariño y gratitud, al llegar al frente del inmueble histórico solo cuatro regidores realizaron la guardia de honor y a su vez Jorge Blanco, cronista de la ciudad, relató parte de su vida y concluyó diciendo “se fue el último líder nato del pueblo de Fortín”.
Comerciantes de la zona centro lo despidieron con pétalos de rosas, oraciones y aplausos, mientras que el camino siguió hasta la Casa del Campesino, en donde le dedicaron la última guardia de honor los ejidatarios y de ahí partieron al panteón.