Veracruz: malas noticias

La Estrategia Nacional de Seguridad de la Tercera República Centralista, alias la Cuarta Transformación, tuvo problemas para alcanzar sus objetivos, según el informe del Secretariado ejecutivo el Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp), del 20 de enero.
Los números dictan que en todo el país el saldo final fue de 34 mil 582 homicidios dolosos en el año 2019, el más letal desde la Revolución Mexicana. En comparación con los 33 mil 743 mil homicidios dolosos, del año 2018, ocurrió un aumento del 2.4 por ciento anual. Aparte están registrados 968 feminicidios, que suman en total 35 mil 550 muertes violentas.
En el caso de las fuerzas armadas, según datos oficiales obtenidos por la periodista Lidia Arista publicados en el portal digital Expansión política, en su edición del día 20 de enero, en el año 2019 durante su servicio activo fallecieron 24 militares del Ejército Nacional y de la Armada de México, en tanto que en el sexenio de 2006 a 2012, sucedieron 388, en un promedio anual de 64.4 bajas, mientras que en el siguiente sexenio de 2013 a 2018, cayeron 219 elementos, con un promedio anual de 36.6.
Los datos no son comparables aunque, a falta de otros indicios, sugieren por ahora que la reducción de las fatalidades entre las fuerzas armadas y el aumento en el número total de civiles fallecidos es el resultado de la combinación de un menor esfuerzo oficial para combatir al crimen, y del incremento de las actividades criminales.
En el lenguaje políticamente correcto de la República Amorosa, resultó entonces que, ante el ofrecimiento de abrazos, los delincuentes respondieron con más balazos. Probablemente el genio de los otros datos tiene números diferentes, pero aquella célebre consigna oficial de “abrazos, no balazos”, tendría que modificarse.
Desde el poder ejecutivo federal hay resistencia para cambiar la estrategia. El martes 21 de enero, durante la conferencia matutina, a pregunta del reportero Mark Stevenson, respondió que sí se combate a los criminales, pero que la corrupción política era el principal problema y por lo tanto le daba la misma importancia a la “delincuencia de cuello blanco”, que al crimen organizado. Stevenson, corresponsal de la Agencia AFP en México, hizo referencia a la notable beligerancia del presidente en contra de los “conservadores” y periodistas a quienes agrede con expresiones que nunca utiliza en contra de los delincuentes de alto perfil.
Un día después, el miércoles 22 de enero, su titular aceptó que el día anterior hubo un notable incremento en el número de muertes violentas, pero reiteró sus argumentos: “no me quiero meter en eso, andan muy sensibles, traen la piel muy delgadita nuestros adversarios”, y añadió que el gobierno federal trabaja mucho para erradicar la violencia armada.
Sin embargo, hay tenebrosas razones internacionales para forzar el cambio de estrategia. Diversos medios de comunicación reportan que el gobierno norteamericano está preocupado por la droga sintética fentanilo, que en 2018 pudo haber causado hasta 30 mil muertes por sobredosis, y los indicios que apuntan a la responsabilidad de las organizaciones criminales mexicanas las cuales fabrican la droga en México para contrabandearla al vecino país.
En el contexto de unas próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, muy competidas, y con la amenaza del aumento de impuestos para las exportaciones mexicanas, la Marina parece haber regresado al campo de batalla, bajo la coordinación norteamericana, para darle un piadoso fin al experimento obradorista de “abrazos, no balazos”.
Sin embargo, no es la única mala noticia. En nuestro estado, otros hechos violentos anuncian una tormenta social. Por ejemplo, en Soledad Atzompa sus autoridades oficiales amenazaron con cerrar carreteras y otros actos en contra de la población civil y, cuando el gobernador de Veracruz llegó para atenderlos, algo que aparentemente dejó de hacer varios meses, fue retenido junto con sus acompañantes durante varias horas en la cabecera municipal, para forzarlo a aceptar las peticiones de obra pública, y con la advertencia de que en tres meses habría represalias si no cumplía con los “acuerdos” firmados.
Otro ejemplo son los foros para la consulta a la reforma del Código Civil en Orizaba, Coatzacoalcos y otras ciudades, los cuales mostraron la incapacidad de los políticos para construir espacios de diálogo y la facilidad con que los distintos grupos involucrados, a favor o en contra, están dispuestos a utilizar el chantaje electoral, la violencia verbal y las intimidaciones cuando la oportunidad se les presenta.
Ya sea en el aristocrático Pueblo Mágico, o en las comunidades indígenas, las amenazas, las agresiones y otras formas de violencia son las herramientas favoritas, y más eficaces, de los distintos grupos sociales para avanzar en su desarrollo, o también para obligar al retroceso de los demás. Todo indica que ya no habrá diálogo ni se repartirán más abrazos en Veracruz o en el resto de México. Ni el fracaso obradorista, ni la intervención norteamericana, y mucho menos el tenso ambiente social en Veracruz, son buenas noticias para iniciar el año.

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