El 7 vidas

Tomás Setién Fernández

Miguel Marín era merecedor por todo lo dejado de manera positiva en el futbol mexicano rentado no solo de siete vidas, sino de un millón de existencias a todo tren, aunque uno de los mejores porteros llegados a México incurrió en aquella agresión al arbitro Jesús Mercado, que en sus tiempos de jugador activo firmó contrato con los Tiburones Rojos del Veracruz, dentro de aquel partido Cruz Azul versus Puebla, en donde el ya por entonces entrenador, al termino del partido, propino a dicho Nazareno un cabezazo, ganándose el castigo de un año fuera del futbol organizado en todo el mundo.
Siendo el año de 1982 punto menos que fatal, para la carrera como director técnico del inolvidable gato de la portería, algo mas mucho mas que un gato, una pantera o un león en defensa de su marco.
Marín que tenia un carácter punto menos que explosivo en situaciones adversas, tuvo el principio de su muerte al haber sido despedido por la organización cementera, que sin ver tamaños y logros de Miguel, francamente lo abandonaron a su suerte.
Y aunque retorno un año después a la dirección técnica, tomando las riendas de aquel equipo militante en una Segunda División rentada, la Universidad de Querétaro, de forma total se fue con las botas puestas en su debido sitio, cuando dentro de un entrenamiento de ese su equipo, sufrió un ataque mortal al corazón, para perder la vida casi como lo hubiera soñado, en una cancha de futbol, y oliendo todo a pradera de Dios.
Marín partió hacia la cita ineludible a la edad de 47 años, cuando todavía tenia mucha cuerda en su cerebro, digamos para alcanzar otras oportunidades de dirigir equipos militantes en la Primera División Profesional de nuestro balompié.
El repentino y mortal ataque a ese corazón indomable de Miguel, dejo en entredicho la falta de continuidad por parte de los médicos de los respectivos equipos profesionales en México, de una justa y continua revisión sobre los diversos jugadores que firman su contrato arriesgando la vida en sus nuevos clubes.
El recuerdo del Gato Marín es perenne, no tan solo en la organización cementera, que lo abandono cuando el mas necesitaba del cariño y la comprensión del equipo que lo trajo a México, sino de todo el futbol mexicano profesional a través de los tiempos.
Marín se debió de haber ido dirigiendo a un gran equipo y no detrás de la puerta, solo ofreciéndole la oportunidad de dirigir un equipo de Segunda División rentada.

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