Moral y economía electoral en México

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La casi totalidad de la crítica hacia la política económica de la Tercera República Centralista proviene de teorías económicas ortodoxas, que suponen la existencia de un homo economicus, el cual toma decisiones equilibradas entre riesgos y ganancias, muy a pesar del gran avance de la otra gran corriente de pensamiento que proviene de la psicología económica.
También llamada economía conductual, inició desde los años 80 del siglo pasado Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002, cuando con Amos Tversky sostenía que las personas tienen más aversión a una pérdida actual que a una ganancia futura, teoría divulgada más tarde por Richard Thaler, premio Nobel de Economía 2017, en el libro Portarse mal. El comportamiento irracional en la vida económica.
Un ejemplo reciente, y doloroso, es la epidemia de dengue en Veracruz. La burocracia invocó la austeridad para posponer las fumigaciones, suponiendo que habría un ahorro. El presupuesto federal para el combate al dengue fue de 248.6 millones en el año 2016, mientras que en el año 2019 fue de 186.8 millones, según el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (Cenaprese). Una reducción del 24.8 por ciento.
Por su parte, las familias, por algo que Richard Thaler llama efecto dotación, se niegan a deshacerse de los cacharros y otros desechos en los que se reproducen los insectos vectores del dengue. Tanto los políticos como las familias decidieron no tener pérdidas inmediatas para prevenir una futura epidemia, a pesar de las advertencias de los científicos.
El resultado, según el boletín Panorama epidemiológico de dengue 2019, de la Secretaría de Salud, hubo 12 mil 706 casos confirmados en el 2018 y aumentaron en el 2019 a 41 mil 505, un ascenso del 326.6 por ciento, con 75 defunciones en el 2018, y subió un 254 por ciento en el 2019, con 191 víctimas. Literalmente, la austeridad mata a los ciudadanos. Desde la perspectiva de la economía racional el gobierno nada ganó.
Sin embargo, México es el país de los otros datos: ¿Cuáles son entonces las razones que explican la austeridad republicana? Tal vez están en el índice de popularidad para los políticos que le dieron austeridad al presupuesto en salud, se presentaron como los héroes defensores del dinero de los pobres, y luego les echaron la culpa a los perversos laboratorios transnacionales, para evitar perder su posicionamiento electoral.
Planteado así el asunto, se encuentran entonces dos perspectivas, una que exige racionalidad económica, invertir el dinero para salvar vidas, pero que sería ingenuo no aceptar que también desde esa misma racionalidad económica tiene una variante en la que se manipulan los precios para obtener una ganancia mayor aprovechando inmoralmente la alta demanda.
La otra perspectiva de la economía moral, asume que la escasez y los altos precios son causados por la corrupción de las industrias química y farmacéutica, y pretende doblegarlas denunciando su voraz estrategia económica y reduciendo las compras de sus productos, obteniendo mayor aceptación popular. De cualquier forma, las personas mueren entre la corrupción y la austeridad, situación que los economistas llamarían costes hundidos, porque son invisibles y no se perciben como resultado directo de la política económica.
La racionalidad económica del actual gobierno federal no estaría entonces en el control de los pesos y centavos, sino en el cálculo más óptimo de equilibrio entre el gasto público y obtener unos puntos más en el índice de popularidad. De acuerdo con la revista Proceso de la primera semana de diciembre pasado, el presidente de la Tercera República Centralista tuvo entre 85 y 70 por ciento de aceptación entre los ciudadanos mexicanos durante el año 2019. Sin duda alguna, la política económico-electoral está funcionando.
Es probable entonces que muchas decisiones para distribuir el Presupuesto de Egresos de la Federación consideren la racionalidad electoral y no propiamente la económica. Recuerda mucho aquel viejo dicho de los políticos de antaño: “en política, lo que se paga con dinero sale más barato”, que aplicado actualmente, resume también otras decisiones, como el caso del avión presidencial TP-01 “José María Morelos”, símbolo de la “opulencia y lo ridículo” de los gobiernos federales anteriores, porque en medio de tanta pobreza se adquirió al costo de 7 mil 500 millones de pesos (en realidad costó 2 mil 900 millones de pesos, pero se aumentó la cifra para maximizar su efecto electoral durante la última campaña presidencial).
El avión comprado a la compañía Boeing en 2012, actualmente vale unos 2 mil 400 millones de pesos, unos 500 millones menos de su valor original, y según cifras oficiales ya se pagaron mil 833 millones de pesos, faltando por pagar otros 2 mil 724 millones, incluyendo intereses, además de que cuesta unos 30 millones de pesos anuales su mantenimiento.
Venderlo ahora dejaría la pérdida de unos 2 mil 333 millones de pesos, pero el dinero no es el problema: lo verdaderamente importante es la ganancia electoral, magnífica, aunque sea inmoral cambiar vidas por votos.

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