Guerra

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Luis Pérez Lezama

Desde estudiante sentí un especial interés por los mercados financieros, tenía claro que mi vocación por la economía y las finanzas debían coronarse de alguna forma en particular, por ello tras muchas lecturas, docenas de películas y cientos de conversaciones pronto descubrí que el mercado de valores era ese pecado que todos los financieros debemos cometer para probar nuestro carácter. Mi camino sin embargo mi camino para llegar a ese ansiado destino fue complejo, ingresé al sector bursátil en 2003 tras algunos intentos fallidos.
Desde los primeros días de mi capacitación un mundo de información se develó ante mis ojos, era y es tal la cantidad de adrenalina que se experimenta que debo confesar: Nunca disfruté tanto un empleo como el del sector bursátil. Las pizarras, los contenidos, la rapidez de las decisiones, pero sobre todo la importancia de conectar todas las variables financieras para poder asesorar correctamente a un inversionista en la toma de decisiones porque un “bróker” debe tener siempre presente la latencia del riesgo y la capacidad de anticipación sobre lo que puede sobrevenir en un país, sector o empresa. Estas habilidades sólo se adquieren por pasión, por convicción y claro a costa de no dormir, de vigilar mercados en América durante el día, así como europeos y asiáticos durante la madrugada, tarea que me premió con capital intelectual invaluable sobre todo porque me correspondió una época en la que no había aplicaciones, plataformas ni mucho menos 5G.
Mi bautizo en el sector fue rápido, pronto estuve de frente a las pantallas interpretando información como un joven promotor bursátil y curiosamente me tocó en suerte un período muy similar al que estamos viviendo al iniciar 2020. Estados Unidos y medio oriente también protagonizaban un capítulo más de la batalla entre el pensamiento mercantilista-militar de occidente y el fundamentalismo religioso de aquella conflictiva franja asiática, el presidente norteamericano en aquel momento era George W. Bush y la motivación de ese momento era la sospecha de presencia de armas de destrucción masiva de fabricación química por parte del dictador Sadam Hussein Abdulmayid al Tikriti -que era su nombre completo- sospecha que fue suficiente para presenciar un impresionante despliegue militar norteamericano en el Golfo pérsico.
Cada portaviones, cada flota, cada contingente militar que se sumaba al conflicto, cada evolución de la infantería en tierras iraquíes volvía locas las pantallas de aquellos viejos monitores Compaq con procesador Pentium, cada noticia informada desde Gibraltar que se había convertido en el centro de comunicaciones de todas las televisoras era contrastado por mis ojos contra las gráficas de los indicadores… ahí estaba yo sentado viendo como las bolsas caían y todo eran “rojos” en los portafolios; mi mirada ansiosa, los ojos cansados, mi juventud y mis temores me impulsaban a buscar activos de refugio… pronto confirme lo que la teoría decía ¡Había activos que en lugar de perder estaban ganando¡ y descubrí lo inevitable:
Oro, petróleo y dólar estaban por las nubes, esto ya no era teoría, quienes tenían en sus portafolios estos activos hablaban por teléfono conmigo presumiendo sus ganancias, además las acciones de las principales armadoras de aviones militares e insumos balísticos, así como materias primas esenciales estaban ganando cantidades de dinero exorbitantes. Acciones de monstruos como Boeing, Lockheed Martin, Raytheon, BAE System, Grumman, Orbital ATK tenían porcentajes de ganancias proporcionalmente inversas a quienes estaban perdiendo. Ahí comprendí que el inversionista tiene que pensar en lo peor antes de armar su portafolio porque la guerra es un gran negocio, no hay que integrar portafolios con la ilusión sino con la suposición ya que la guerra es un gran dinamizador de la escasez y por tanto de la demanda, del crecimiento de las naciones. Durante esa época odié profundamente a Robert Malthus, pero corrí cada noche a hojear su libro “Ensayo sobre el principio de la población” y después de perdonarle, lo convertí en mi economista favorito.
Por eso amable lector, ahora que se ha desatado una nueva versión de este antiguo conflicto entre Estados Unidos y un grupo de países asiáticos, entre ellos el citado Irak, Irán, Siria y los que se acumulen esta semana es preciso que los analistas infundamos la certidumbre que los gobiernos no están pudiendo ofrecer y sobre todo la información que se requiere no sólo para entender lo que ocurre sino para tomar decisiones financieras. Hay que serenarse durante esta temporada de sobresaltos en los mercados. No es aconsejable tomar decisiones bajo ningún grado de euforia o tristeza. 2020 es año de elecciones en Estados Unidos y Trump hará todo, absolutamente todo lo que sea necesario para asegurar su permanencia al frente del águila calva, así como lo indispensable -por inmoral que sea- para ganar la preferencia de los votantes, eso incluye liderar conflictos bélicos, allanar fronteras o condicionar comercialmente a quien sea con el fin de demostrar su hegemonía.
No le extrañe que México sea uno de los “sacos de boxeo” este año así que debe usted saber que la verdadera guerra se va a librar al interior de nuestro país por la vía de múltiples factores; por ahora veremos un precio más alto del petróleo que equivaldrá a mayores precios de gasolina, además México ha pasado a ser el mayor socio comercial con Estado Unidos desplazando a Canadá y a China lo que ocasionará tarde o temprano presiones inflacionarias, el tratado comercial con EUA aún no ha sido aprobado y al interior de nuestro país prevalece la incertidumbre por una política económica imprecisa y ocurrente, los precios al consumidor se encuentran de manera fortuita por debajo del 3% pero este año no tendremos la misma suerte y es posible que en su intención de acelerar erráticamente el crecimiento, el gobierno federal provoque un crecimiento de precios desordenado y por si fuera poco el peso mexicano que está íntimamente ligado con este tema y con las remesas depende totalmente de una política norteamericana más suave, situación que a todas luces no se ve que vaya a ocurrir. ¿Está usted listo para esta batalla?

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico
y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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