Veinte años de levantar la mirada

Hands writing on old typewriter over wooden table background

El Dinero No Existe

Veinte años de levantar la mirada
Luis Pérez Lezama

El frío de la mañana no me permite dormir más, ha sido una noche gélida, de esas en las que te envuelves en docenas de sarapes y el frío no cesa, una noche que desde que comienza sólo quieres que se termine y cuando sale el sol apenas comienza lo peor. Abro los ojos en medio de mi habitación y como buen fanático del devenir, contemplo el techo como que ha sido mi constante refugio de mampostería donde siempre encuentro respuestas a mis juveniles pensamientos. Me asaltan las dudas sobre el futuro, el empleo, la salud, el amor ¿Cómo será mi vida en algunos años me pregunto? El temor se apodera de mis inquietudes, pero rápidamente lo sacudo encendiendo la televisión.
La serenidad de las vacaciones escolares, del saber que se ha hecho lo correcto me produce una sonrisa tranquilizadora, es viernes 31 de diciembre de 1999, yo he terminado ya el octavo semestre de mi licenciatura y pienso que la mejor manera de enfrentar el futuro es el optimismo de un tiempo que seguramente me traerá los anhelos con los que sueño.
Me asomo a la ventana y noto en el cristal de mi habitación el agua cristalizada impidiendo ver hacia la calle, con la manga de mi pijama limpio el agua que escurre y confirmo que será un fin de año congelante. Reviso mi reloj y enciendo mi celular, un Ericsson T18 con GSM pantalla led en blanco y negro al tiempo que escucho en MTV a JLo cantar “Waiting for tonight” que es la canción del momento porque celebra la llegada del año 2000.
Mis 24 años son el motor de mis intenciones, de un salto estoy en la regadera pues con todo y que son vacaciones en la universidad yo tengo que ir a trabajar, además hoy tengo una cita para revisar los diseños de la nueva marca de productos que mi jefe lanzará al mercado. El tiempo avanza lento, la baja velocidad es una aliada; es un mundo sin Facebook, sin You Tube, nadie conoce las redes sociales, no hay que elegir entre Android o IOs, la música se guarda en CD y Napster es nuestra lucha diaria para descargar canciones, los periódicos la radio y la televisión aún son referentes para las noticias así que de “reojo” logro ver que Ernesto Zedillo entrará a su último año de gobierno, que la presión social lo obliga a ciudadanizar algunas instituciones como el Instituto Federal Electoral al tiempo que pienso que podemos estar delante del fin de la hegemonía del PRI. Me alegro de tener mi suscripción a El Economista y leo en la portada que la mejor carta de presentación de este sexenio es haber bajado la inflación de 19% a un 12.3% al cierre del año mientras el PIB crecía un 3.8%, suena el nombre de Vicente Fox como el “caballo negro” que rompe paradigmas y verbaliza las inconformidades de una sociedad que con temor esta por cerrar un siglo y no sabe si esta lista para dar el salto hacia una nueva era o si en verdad tiene miedo que las computadoras no sepan leer correctamente la llegada al año 2000, hay incertidumbre por lo que vendrá y por como será un siglo que empieza con el número 2.
Un desayuno ligero y la mejor de las voluntades para abrigarte por capas que es la manera elegante de decir que no tienes un buen abrigo ni ropa térmica y tienes que ponerte 2 o 3 sweaters para enfrentar el invierno, pero eso es lo de menos, a los 24 años uno se come el mundo a puños. Aquí no hay Uber, ni Airbnb, ni LinkedIn, es un tiempo y espacio en el que los jóvenes tenemos que enfrentarnos a la insuficiencia del transporte público, a las relaciones personales en vivo y a todo color, tienes que llevar tu currículo a las empresas y venderte en vivo sin intermediarios, es un mundo frontal, más duro y nada suavizado, no hay música en mi celular y la gente no va sumergida en sus aparatos digitales, las cabezas van al frente, no hay un solo individuo que tenga la cabeza agachada porque este cambio de siglo no es un instante para mirar hacia el piso, la constante es mirar hacia el frente, saludar de mano y tener voz firme.
Desciendo del autobús y camino por las viejas banquetas de mi ciudad hacia la vieja fábrica de cuero, el ruido de las suajadora y la cortadoras no cesa ni en fin de año porque gracias a la astucia de un grupo de jóvenes la compañía ha encontrado un cliente importante que le esta dando vida a esta industria en decadencia, subo por las viejas escaleras de metal y saludo sonriente a mis compañeros, es fin de año y hay que trabajar alegre así que me dispongo a iniciar mi jornada frente al fax en mi antiguo escritorio de metal que probablemente haya sobrevivido a la segunda guerra mundial. Tengo claro que soy un joven que esta comenzando su carrera profesional y que tengo que labrarme un futuro con la única ayuda de mi talento.
¿Cómo será el futuro me vuelvo a preguntar? ¿Dónde estaré en veinte años? ¿Cómo será el mundo para entonces, me sigo preguntando? No lo sé, pero tengo la certeza de que el mundo se transformará, que seguramente la tecnología dominará la escena y que las relaciones personales se modificaran dentro de una sociedad que con temor entra al nuevo siglo, pero no sabe a que demonios va. En cualquier caso, mi inquietud me obliga a tener claros algunos objetivos a mi corta edad: Quiero dedicarme a las finanzas porque mi gran interés es que las personas comprendan lo que ocurre con sus decisiones, me interesa la economía de mi país para poder interpretar correctamente las oportunidades de negocios, no me gusta la injusticia ni el abuso ya del que tiene como también del que sin tener pretende sobrevivir a costa de los demás, tengo claro que los cierres de año son para estar cerca de la familia, para unificar corazones pero sobre todo para reflexionar sobre la construcción de nuestro propio futuro siempre con la mirada levantada así que le pongo “Play” a mi grabadora e inicio mi día de trabajo escuchando a Ana Torroja decir “Y decimos adiós y pedimos a Dios que en el año que viene a ver si en lugar de un millón pueden ser dos”… (20 años han pasado desde aquel día)

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab