Pavo relleno de lágrimas

Tomás Setién y Natalia Setién Aguilar

Desde aquella cena navideña desprovista de toda alegría, y si repleta de recuerdos amargos, presentando la señora de la casa, Doña Sara García, un pavo relleno de lagrimas, ofreciendo el manjar al padre autoritario y casi ciego en sus reales sentimientos de nobleza, Don Fernando Soler, dentro de la primera versión fílmica de Cuando los hijos se va realizada en el año de 1941, siendo lo peor en una familia porfiriana que uno de los hijos fuera cantante (Emilio Tuero) el que fuese apodado en la vida real, el barítono de Argel, se le inventan por su propio padre una serie de actos desleales, hasta que pierde la vida en defensa de su propia familia.
Dicho filme, producido por Jesús Grovas, y dirigido por Bustillo Oro, se convirtió en todo un clásico de la Navidad inundada en llanto, y tanto que el año de 1968 surgió una nueva versión de la tiranía del padre y del martirio de otro hijo cantante, ahora con la voz ronca de Alberto Vázquez, substituyendo a Doña Sara, la actriz española Amparo Rivelles, y claro está sin moverse de la silla principal en la cena de Noche Buena, el tirano de las fiestas Don Fernando Soler, encontrando el igual trágico fin el jovenazo Vásquez, que entre sus canciones de poder presento la de El Pecador.
Más cintas con el balacao sacado de un mar de lágrimas, Azahares para tu boda estrenada en el año de 1950, apareciendo en la realizacion Julian Sole,,r en el único filme que dirigió a todos sus hermanos, Fernando, Andrés y Domingo, cambiando ahora el padre autoritario Fernando Soler ya no amargando la navidad a sus hijos, sino a su hija Marga López, la cual a la hora de los postres navideños invita con clamor por delante a una juvenil Silvia Pinal, a que haga lo que se le ocurra, sin ver jamas atrás.
Cambiando un poco la situación en el argumento de Casa de Vecindad filmada en 1951,, en la escena final dentro del humilde cuarto habitado por la excelsa actriz ibérica Doña Prudencia Griffel, le fue mejor que a Doña Sara, recibiendo con los brazos abiertos y con la dotación de una hojuela en miel bañada, a sus ingratos hijos.

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