Preservando la salud mental

Alejandro Tovar González*

Podemos entender la salud mental como un entramado multifactorial donde la influencia del entorno, las relaciones sociales, los esquemas y procesos mentales, así como los recursos cognitivos de cada individuo, en su interacción con los sucesos que acontecen en su vida, se relacionan directamente y se generan reacciones que bien pueden funcionar como factores de protección o de riesgo en lo que se refiere al bienestar y la prevención de la enfermedad mental.

Si, desde una postura filosófica, la finalidad de nuestra existencia es ser felices, se constituye en responsabilidad de cada uno construir dicho estado mental, apartándose de emociones, pensamientos y situaciones que nos alejen de este objetivo. De este modo, la persona que incorpora a su cosmovisión la alegría, el optimismo y el enfoque positivo manejaría de una forma más eficiente emociones negativas como el enojo, el miedo, o el estrés. Adicionalmente, se lograría un mejor autoconocimiento y comprensión de los procesos mentales y la reacciones que cada uno tiene ante aquello que le sucede, teniendo más posibilidad de prevenir enfermedades, y afrontando mejor los estresores y las adversidades.

Es a través de una serie de hábitos y acciones que bien pueden constituir un estilo de vida saludable que los individuos pueden verse beneficiados, mejorando su calidad de vida y beneficiándose de un bagaje de herramientas emocionales y cognitivas para hacer frente a la adversidad, reduciendo de este modo la incidencia de trastornos de ansiedad o depresión, adicciones, ideación o intento suicida, así como un mejor manejo de la adversidad y el estrés.

Una práctica que puede ayudar a preservar nuestra salud mental es elaborar un listado de fortalezas y habilidades personales, así como una lista de logros, con lo cual se busca mejorar el autoconcepto al enfocarnos en aspecto positivos. Adicionalmente considerar que el desarrollo de la inteligencia emocional es indispensable, por lo que podemos psico-educarnos en la naturaleza de las emociones, la función que cubre cada una y la importancia de gestionarlas adecuadamente. El siguiente paso es auto observarnos y evaluar nuestras acciones y reacciones, así como el cuestionarnos: ¿por qué me estoy sintiendo así? ¿Qué está moviendo en mí esta situación que me hace sentir de este modo? ¿De qué otro modo pude haber reaccionado? Incorporando estas actividades de manera habitual estaremos adquiriendo un mejor autoconocimiento y crecimiento personal.

El desarrollo de las fortalezas y los valores humanos y sociales, sumados al desarrollo humano y la práctica de habilidades interpersonales, permite a los individuos desarrollar bienestar y, por lo tanto, la preservación de su salud mental, pues de manera intencional y conscientemente, se estarían modificando paradigmas mentales, pudiendo así dar paso a prácticas más saludables y funcionales que se aprehenden, se integran a nuestra personalidad y, por lo tanto, representan un beneficio permanente, a través de la optimización de recursos personales no sólo físicos sino también psicológicos y sociales, generando individuos más sanos que pueden contribuir al mejoramiento social no sólo desde la producción sino desde las relaciones interpersonales, pudiendo promover un beneficio social: una colectividad con mayor salud mental, con seres más plenos y funcionales; aspecto que hace tanta falta en nuestro país, dada la realidad que estamos viviendo.

*Licenciado en Filosofía / Psicoterapeuta Cognitivo-Conductual/Doctorado en Psicología

Miembro de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, España

[email protected]

 

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz