La culpa no es nuestra

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Durante la semana que ha terminado hemos venido confirmando las lamentables cifras que reflejan el estado actual de la economía nacional y francamente ya hasta me da un poco de pena con usted el seguir insistiendo en la situación, quizá por un natural reflejo como analista económico de mirar hacia al futuro en lugar de contemplar la destrucción actual de la riqueza nacional. Estamos en un punto en el que ya da lo mismo si las remesas siguen en cifras récord; ello equivale a ver como de manera artificial la demanda agregada es sostenida por los flujos de efectivo que provienen de nuestros “paisanos” en Estados Unidos y no son motivados por la creación de empleos que debería estar generando la inversión extranjera directa, quizá por ello empezamos a ver normal que la citada Inversión Extranjera Directa alcance este año apenas 30 mil millones de dólares mientras las remesas probablemente crucen los 37 mil millones de dólares.
Por otro lado, y como clavo del ataúd pudimos ver recientemente que hay datos negativos en la inversión fija bruta que el Inegi explica como “aquella información que permite un amplio conocimiento sobre el comportamiento de la inversión en el corto plazo, misma que está integrada por los bienes utilizados en el proceso productivo durante más de un año y que están sujetos a derechos de propiedad”. Pues bien, este indicador ha caído contra el año anterior -7.6% y durante 2019 ha decrecido -4.6% ¿Por qué? porque no hay certidumbre y como lo he explicado antes, no hay confianza en el proyecto de nación actual porque existen factores idiosincráticos que impiden que haya un escenario amigable.
Tengamos claro algo: Hay errores en la construcción de la política económica actual por eso las inversiones no están llegando a nuestro país y no van a llegar mientras lo que tengamos como estrategia sean los sueños de un gobernante, los abrazos o manipulación del entorno que con frecuencia puede presentarse. Las inversiones que México necesita para dinamizar la economía y poner en marcha el binomio empleos-salarios requieren confianza, factor que a todas luces este gobierno esta abandonando en aras de su interés político.
Al ver esta tragedia, he decidido pausar en la revisión de todos estos indicadores, como quien se harta de ver una película de pésimo guion. El país ha perdido un año económico y ante esta realidad salta con preocupación otro tipo de análisis, el que corresponde al resto de los factores sociales que arropan a la economía. Debemos tener presente que todas estas variables macroeconómicas no sólo afectan el bolsillo de los ciudadanos, sino que determinan el humor social de más de un ciento de millón de mexicanos que para poder enfrentar su realidad primero revisan su bolsillo.
Es ahí, justo en este tópico cuando ha saltado en mi cabeza un punto de inflexión ¿Los mexicanos estamos entendiendo esta realidad? ¿Comprendemos el impacto que tendrá en nuestra vida cotidiana esta situación económica? ¿A quién vamos a reclamar en 2020 si la situación no mejora? ¿La culpa es de los gobiernos previos o del actual? ¿Cuándo hablamos de gobierno anteriores y culpas nos referimos al PRI o a la Revolución, la culpa es de la conquista española? No, la respuesta está en la falta de unidad de los mexicanos.
Lo que impide que avancemos es la división y es meritorio que lo pongamos como asignatura a resolver en el escenario de 2020 porque, aunque usted no lo crea, sin darnos cuenta estamos todos ya envenenados de este malsano divisionismo que hemos venido acumulando desde antes de nuestra independencia y que corre de generación en generación por nuestras venas, este absurdo rompimiento que se ha expresado de mil formas como un monstruo de enésimo cabezal que se torna más peligroso cada vez. Este divisionismo que ciertamente ya existía entre los mexicanos, que se había expresado en el pasado en batallas de pobres contra ricos, clase alta contra clase media, españoles contra indios y que hoy con la llegada de este nuevo gobierno ha sido motivado para alcanzar esta nueva etapa donde desde Palacio Nacional se promueve la separación de “conservadores” contra “fifís” o indios contra criollos sin ni siquiera tener maldita idea de quien es quien.
Es urgente y preciso que rectifiquemos sin importar aquello que nos provoque, es vital que reparemos en nuestras coincidencias y no en nuestras diferencias, es urgente que omitamos las voces que nos invitan a dividirnos, es necesario que abramos los ojos y nos demos cuenta de que todo movimiento tiene un trasfondo político más allá de los legítimos intereses que cada uno tenga. A unos nos preocupa la economía, a otros la seguridad, a unos nos preocupan las variables macroeconómicas y otros la violencia contra las mujeres y mientras discutimos por ello, mientras nos dividimos existen más de 50 millones de mexicanos en extrema pobreza, cientos de miles de enfermos terminales, minorías vulnerables, ancianos en el desamparo, un sistema educativo en decadencia y entre otros, delante de esta columna estás tú… con tus propios problemas en casa o en el trabajo y no veo que nadie haya hecho una marcha para apoyarte. Es tiempo de darnos cuenta de que hay mucho más que un tema central, mucho más que una herida abierta ¡Hay muchas!
Sólo tenemos dos caminos para revertir este escenario económico y social: El que estamos siguiendo hoy día, golpeándonos en las calles, en las redes sociales, cayendo en la trampa de la división donde el único que gana es el Estado o el otro camino: Entender que la raíz de las soluciones está en la formación de una nueva generación de ciudadanos y ciudadanas, en la protección del núcleo familiar, en la formación una nueva estirpe de mexicanos porque mis queridos lectores está claro que el Estado no puede ni con la economía ni con la seguridad ni con cualquier otro de los problemas de nuestro país y en efecto la culpa no es tuya ni mía, pero si es nuestra responsabilidad hacer que este país avance de una vez por todas ¿O que le vamos a heredar a nuestros hijos?

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico
y conferencista.
Twitter: @SAVERThinkLab

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz