Una voz clama en el desierto

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 3:1-6
En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: “Una voz clama en el desierto. Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.
Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.
Palabra del Señor.

En este tiempo la comunidad cristiana eleva voz en medio del desierto de concreto de nuestras ciudades, allí donde mucha gente vive sin alegría, con su matrimonio a punto de destruirse, con una vida vacía alienada en el alcohol o la sexualidad desenfrenada, donde muchos jóvenes vagan en sus carros sin alegría ni sentido.
Es en este desierto donde se anuncia a todos los habitantes: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”. Arrepentirse significa cambiar de vida y mentalidad, que lo que en un arranque de soberbia o egoísmo has hecho mal lo corrijas, que permitas que Dios entre en tu vida y en su pensamiento, buscando reconciliarte con Dios con todos aquellos que te has enemistado, apartándote de todo aquello que sabes no es lo que Dios esperaba de ti.
“Enderecen sus senderos”, porque viene Jesucristo para todos aquellos que deseen tener una vida plena, porque con él viene el perdón de los pecados por el ministerio de la Iglesia.
Dios nos entrega tiempos especiales para volver a él, tiempos en que la acción de su Espíritu hace posible en el corazón de los hombres lo que en otros tiempos es más difícil o imposible: romper con nuestros pecados.
Este es un tiempo de gracia de Dios, es decir, que él te ayudará a perdonar, a alcanzar la paz y el perdón de tus pecados; sólo tienes que enderezar tus senderos y dirigirlos hacia Dios.

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