Alentar la conversión

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Alentar la conversión

RENÉ CESA CANTÓN

Entre el otoño del año 27 y la primavera del 28 aparece en el horizonte religioso de Palestina un profeta original e independiente que provoca un fuerte impacto en el pueblo. Su nombre es Juan. Las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.
Hay algo nuevo y sorprendente en este profeta. No predica en Jerusalén, como Isaías y otros profetas: vive apartado de la élite del templo. Tampoco es un profeta de la corte: se mueve lejos del palacio de Antipas. De él se dice que es «una voz que grita en el desierto», un lugar que no puede ser fácilmente controlado por ningún poder.
No se escucha allí el bullicio del templo. Tampoco se oyen las discusiones de los maestros de la ley. En cambio, se puede escuchar a Dios en el silencio y la soledad. Es el mejor lugar para iniciar la conversión a Dios preparando el camino a Jesús.
Este es precisamente el mensaje de Juan: «Conviértanse»: «Preparen el camino del Señor, allanad sus senderos». Este «camino del Señor» no son las calzadas romanas por donde se mueven las legiones de Tiberio. Estos «senderos» no son los caminos que llevan al templo. Hay que abrir caminos nuevos al Dios que llega con Jesús.
Esto es lo primero que necesitamos también hoy: convertirnos a Dios, volver a Jesús, abrirle caminos en el mundo y en la Iglesia. Es mucho más. Es poner a la Iglesia entera en estado de conversión.
No será fácil. Probablemente se necesitará mucho tiempo para poner la compasión en el centro del cristianismo. No será sencillo pasar de una «religión de autoridad» a una «religión de llamada». Pasarán años hasta que en las comunidades cristianas aprendamos a vivir para el reino de Dios y su justicia. Se necesitarán cambios profundos para poner a los pobres en el centro de nuestra religión.
No importa. A Jesús solo se le sigue en actitud de conversión. Una conversión que hemos de iniciar ahora mismo nosotros, para transmitirla como talante y como aliento a las generaciones venideras. Una conversión que hemos de alimentar y sostener entre todos. Solo una Iglesia en actitud de conversión es digna de Jesús.
El Bautista habla de manera muy clara: «Yo los bautizo con agua», pero esto solo no basta. Hay que acoger a Alguien «más fuerte», lleno del Espíritu de Dios: «Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Son bastantes los «cristianos» que se han quedado en la religión del Bautista. Han sido bautizados con «agua», pero no conocen el bautismo del «Espíritu». Tal vez lo primero que necesitamos todos es dejarnos transformar por el Espíritu que cambió totalmente a Jesús. ¿Cómo vive Jesús, lleno del Espíritu de Dios, al salir del Jordán?
Jesús se aleja del Bautista y comienza a vivir desde un horizonte nuevo. No hay que vivir preparándonos para el juicio inminente de Dios. Es el momento de acoger a un Dios Padre que busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. Quien no vive desde esta perspectiva no conoce todavía qué es ser cristiano.
Movido por esta convicción, Jesús deja el desierto y marcha a Galilea a vivir de cerca los problemas y sufrimientos de las gentes. Es ahí, en medio de la vida, donde se le tiene que sentir a Dios como «alguien bueno»: un Padre que atrae a todos a buscar juntos una vida más humana. Quien no siente así a Dios no sabe cómo vivía Jesús.
Jesús abandona también el lenguaje amenazador del Bautista y comienza a contar parábolas que jamás se le habían ocurrido a Juan. El mundo ha de saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge a sus hijos perdidos, porque solo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús no está anunciando su buena noticia.
Jesús deja la vida austera del desierto y se dedica a hacer «gestos de bondad» que el Bautista nunca había hecho. Cura enfermos, defiende a los pobres, toca a los leprosos, acoge a su mesa a pecadores y prostitutas, abraza a niños y niñas de la calle. La gente tiene que sentir la bondad de Dios en su propia carne. Quien habla de un Dios bueno y no hace los gestos de bondad que hacía Jesús desacredita su mensaje.