Envuelve tristeza a Nueva Xicola

Betsabé Cárdenas García
El Mundo de Córdoba

Alpatlháhuac.- Solo dolor y cenizas fue lo que quedó del hogar de una familia trabajadora en Nueva Xicola, en donde la explosión de pirotecnia arrebató la vida de dos menores de edad que jugaban cerca de los explosivos.
Los cuerpos de los niños Miguel y Diego, de 10 y 7 años respectivamente, fueron llevados a la casa de sus abuelos paternos en la localidad de San José Teacalco, en donde serán velados y posteriormente recibirán cristiana sepultura
Peritos de la Fiscalía General del Estado arribaron la mañana de ayer a este lugar para realizar el peritaje correspondiente, levantar los indicios del accidente y entrevistar a los vecinos sobre la situación.
A pesar de que no brindaron alguna información oficial al respecto, se apreció que los agentes ministeriales en coordinación con peritos de la Fiscalía removieron los escombros y trasladaron diversos objetos que sirven para la fabricación de fuegos pirotécnicos.
Inspeccionaron meticulosamente la casa y la de sus vecinos, actividad que les tomó varias horas de trabajo.
La casa en construcción marcada con el número 30, albergó a cuatro integrantes de una familia de cinco: La madre Eusebia Vianey Muñoz Reyes y sus tres hijos Joselyn, de 13 años, Miguel de 10 y Diego de 7, con quienes compartieron por última vez la tarde del 3 de diciembre.
Horas después y en cuestión de minutos, ese pequeño espacio quedó destruido a causa de una explosión, debido a que ahí funcionaba de manera clandestina un taller de pirotecnia.
Tres fuertes estruendos cimbraron la región, no más, solamente tres estruendos que se escucharon hasta el municipio de Calcahualco y después una nube gris delató la tragedia.

TESTIMONIOS
Rosa María López Sánchez, vecina, dio a conocer “estaba arreglando el altar para la virgen de Guadalupe y mi hijo estaba pintando cuando escuchamos un estruendo, salimos a ver y fue impresionante, vi como la loza se levantó y al caer se escuchó peor”.
“Los niños gritaban, todos adentro de la casa gritaban, se escuchó muy feo, salimos los vecinos a ayudar, porque llamamos para pedir ayuda pero nadie llegaba, entonces con cubetas y tambos empezamos a rescatarlos”, agrega en el relato, mientras sus ojos se aguadan y la voz se le entrecorta de recordar tan triste momento.
“Estaban los taxis rurales estacionados, solo los hombres se metieron a la casa para rescatar a la gente, las mujeres nos esperamos afuera”, da un suspiro y vuelve a continuar, “un niño estaba convertido en cenizas, estaba negro solo se le veían sus ojitos blancos, iba muy mal, otro niños iba casi con los intestinos de fuera”, comparte a la vez que rompe en llanto.
La nuera de esta señora trasladó a los menores junto con otros vecinos al hospital de Cosco a bordo de unidades particulares, pero no resistieron a la atención médica.
Por otra parte, la señora y la adolescente fueron auxiliadas por personal de cuerpos de rescate, ellas fueron trasladadas al hospital en Río Blanco en donde se debaten entre la vida y la muerte.
Otra de las vecinas que tiene su hogar a un costado, Celestina Camarillo Hernández, señaló: “nosotros estábamos comiendo, estábamos cinco en la mesa cuando las paredes comenzaron a tronar, todos los cristales de la casa se quebraron, la puerta se desprendió, la estructura de la ventana se dobló, hay cuarteaduras en las paredes”.
Al momento de mencionar estas afectaciones y con tímidez, la señora no aceptaba el motivo del accidente, es decir, la explosión de un taller clandestino de pirotecnia, ella teme por su integridad y la de sus hijas, pero también mantiene la incertidumbre sobre la reparación de los daños.
“Esto es como empezar de cero, ojalá alguien nos apoye, entendemos la tragedia y nos duele mucho, pero también resultamos afectados nosotros”, manifestó.
Los vecinos fueron temerosos al relatar la situación, pues están conscientes del riesgo que significaba este trabajo por parte del propietario del hogar, de nombre Luis Hernández, quien no se encontraba en su domicilio el día de los hechos.

Estragos de la tragedia
Cristales regados por la calle, almenos ocho casas resultaron con daños al romperse los cristales, puertas destrozadas y algunas cuarteaduras, sobre los techos de casas cercanas quedaron unas láminas de zinc dobladas.
Incluso sobre algunos cables que atraviesan las calles quedó colgada ropa de la familia.