México un país sin ningún límite

El Baldón

José Miguel Cobián

Cuando hablo de límites, me refiero a que en la mayoría de los países civilizados y en muchos en camino de serlo, la sociedad sabe que hay límites que no puede pasar nadie, y si los rebasa invariablemente habría consecuencias. En México, ante la falta de consecuencias, no existe ningún límite para nadie. La impunidad permite que todo pase en México.

Pondré algunos ejemplos: Un juez (una mayoría de ellos) vende la justicia al mejor postor. Aún cuando existan quejas no pasa nada. Un notario falsifica documentos y no pasa nada, incluso recibe el apoyo del colegio de notarios de la ciudad de México. Un miembro de la fiscalía recibe dinero para apoyar a la parte acusada de un delito, es exhibido públicamente y no pasa nada. Un soldado es asesinado cumpliendo su deber, y no sucede nada, porque sus superiores en México no conocen lo que significa el honor del militar y la defensa a ultranza de los suyos. Salvo que se trate de algún militar que ha cometido delitos siguiendo órdenes, entonces sí se mueve la maquinaria para defenderlo. Pero al militar asesinado nadie le otorga post mortem la justicia que merece.

En países civilizados, asesinar a un militar o a un policía tiene consecuencias. Puede pasar el tiempo pero al final la mano de la justicia llega. Por ello, los delincuentes le tienen mucho respeto a los miembros de los cuerpos de seguridad.

Es obvio que prácticamente en la mayoría de los países del mundo existe el tráfico de drogas. Los niveles de violencia alcanzados en México no existen en ningún lado. La diferencia, es que incluso los criminales saben en esos países civilizados (subrayo civilizados para en contraste indicar que México es un país salvaje y no civilizado), decía que en esos países civilizados los criminales saben que hay líneas que no pueden pasar, y si las pasan sufrirán consecuencias graves.

La diferencia entre México y muchos países que ya han avanzado en el mundo, es la consecuencia que sufre quien rebasa ciertas líneas de convivencia social. Hoy en nuestro país vemos que hay asaltos en carretera, asaltos en las ciudades, asesinatos, daños a la propiedad privada, robos, secuestros y cualquier otro crimen que agravia a la sociedad en general, y nos preguntamos la razón por la cual sucede esto en México.

Los defensores a ultranza del gobierno, esos que ayer señalaban airadamente la falta de resultados en los gobiernos de Peña y Calderón, aprendieron de memoria la narración (historia, mito, cuento, leyenda) del nuevo gobierno y ahora lo justifican afirmando que los problemas no nacieron el uno de diciembre. Sin embargo hace prácticamente un año que gobierna quién ofreció resolver los problemas de México, sin que veamos que se hayan dado pasos para iniciar una mejoría en la situación de seguridad de todo el país.

Hoy vemos que la impunidad es mayor, cuando ya no creíamos que pudiéramos estar peor. La razón es sencilla. Si bien no se asigna presupuesto a seguridad, tampoco hay una intención clara del gobierno para promoverla. Todos los funcionarios llegan y se dedican a lo que en política se denomina patear el bote, es decir, administrar únicamente los problemas y pasarlos al siguiente funcionario, al siguiente sexenio, cuatrienio, trienio, etc. A ninguno le ha interesado en realidad enfrentar el problema.

La idea que nos vendió AMLO en el sentido de que al llegar acabaría con la corrupción, y con ello las cosas cambiarían ha demostrado a contrario sensu, que ni se ha acabado la corrupción ni tampoco se han resuelto los problemas con su llegada. Insisto, se han agravado, ahora la percepción de inseguridad ha aumentado, en zonas sensibles del país, como lo son la ciudad de México y la principal carretera del país, por señalar dos áreas nada más. Eso a pesar de que las mediciones del gobierno indican una baja del 73 al 71% en dicha percepción.

Lo único que ha logrado el nuevo gobierno con su inexistente estrategia de seguridad ha sido mover los límites que ni los criminales se atreverían a rebasar, a niveles inimaginables. Hoy los criminales se atreven a hacer más cosas, más seguido, de las que en gobiernos anteriores se atrevían, con la garantía de que no les pasará absolutamente nada.

El gobierno se aprovecha de su capacidad para generar escándalos lo cual hace que la población no termine de asimilar y quizá indignarse con uno, cuando ya surge otro, y otro más. Como el mexicano salvo en raras ocasiones sabe lo que significa ser ciudadano y el gobierno lo sabe; las cuestiones delicadas se olvidan y no sufren la censura de una población que aplaude babeante gracias a su nivel de desinformación, del rumbo que está llevando nuestra nación.

Desde el presidente de la República para abajo, se han rebasado límites que pensábamos intocables. Sin embargo, a los mexicanos lo que se haga en la cúpula de poder, nos resulta irrelevante, pues sabemos que nada podemos hacer ni a favor ni en contra, pero lo que nos pega directamente, que es salud, educación, economía y seguridad, a todo eso sí le prestamos atención. Lo bueno (para el gobierno en turno) es que a pesar de que nos sintamos afectados, no hacemos nada, considerando que nuestros males se deben a la fatalidad.

Los mexicanos somos incapaces de imaginarnos vivir en un país donde la mayoría perciba un ingreso decoroso y tenga gracias a ello una vida digna. No podemos pensar vivir en un país donde sea fácil circular a cualquier hora del día o de la noche, en ciudad o carretera con absoluta seguridad. Ni por error, nos imaginamos vivir en un país donde la medicina no escasee para nadie, menos para enfermos con enfermedades mortales. Y sobre todo, no somos capaces de imaginar que se pueda contratar a personas honradas y con la total capacidad para el puesto. Por eso aplaudimos babeantes (sí babeando porque no razonamos la tontería que aplaudimos) cuando el presidente nos dice que quiere en los puestos a alguien 90% honesto y 10% capaz. Es decir, se aplaude cuando se nos indica que ocupará un puesto importante para el país una persona incompetente e incapaz. Que por cierto, por escoger a ese tipo de personas para puestos públicos, lo único que se ha logrado en el primer año del gobierno de transición, ha sido una larguísima cadena de fracasos en la administración pública, y pérdidas enormes, de alrededor de 750 mil millones de pesos, que México dejó de generar al llevar el crecimiento de 2.5 a 0%.

Ni modo, México es un país sin límites. Para lo bueno, pero sobre todo, para lo malo.