¿Para qué sirve “El Buen Fin”?

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Luis Pérez Lezama

Por novena ocasión consecutiva se llevó a cabo en México la tradicional venta prenavideña denominada “El Buen Fin”, evento que no ha estado exento de críticas -muy válidas- sobre el mecanismo funcional de su esquema comercial. Para algunos “El Buen Fin” es únicamente una herramienta de mercadotecnia que usa tonos rojos y blancos para estimular ventas con precios “inflados”; se dice que esta campaña únicamente busca engañar a los consumidores, que no debemos creer en publicidad falsa, que se trata, en resumen, de una trampa de los ambiciosos oferentes para robarte tu dinero en cosas que no necesitas.
Ante tales aseveraciones, es menester precisar algunos datos históricos y por supuesto una explicación económica sobre la importancia de este evento. Hemos multicitado en este espacio los efectos de la crisis financiera “Subprime” de 2008 que obligó a reducir las tasas de interés por parte de los bancos centrales con el fin de estimular la demanda, es decir el consumo y con ello reactivar el dinamismo mundial que se encontraba deprimido. Fue notorio observar dos efectos muy interesantes en el mercado en aquel momento: El primero relativo -lógicamente- a una baja en las ventas minoristas, es decir las ventas relativas a bienes de consumo final, es decir todo aquello que usted encuentra en los supermercados por ejemplo y es que justo en ese fin de década las grandes cadenas de supermercados empezaron a llegar a México adquiriendo otros supermercados que deprimidos por las bajas ventas estaban decayendo, así desapareció Gigante o Almacenes Blanco entre otros para dar paso a la norteamericana Walmart o al crecimiento local de Chedraui. Por otro lado se detonaba el auge en nuestro país de las tiendas departamentales, no vamos más lejos en esa década la expansión de Almacenes Liverpool se da como un referente de lo que aquí mencionado, sin embargo, estas inversiones estaban en riesgo debido al momento del ciclo económico en el que nos encontrábamos en México lo que ponía en riesgo los retornos de inversión; esa era la mala noticia sin embargo, no todo era malo, había una venta de oportunidad.
Esa oportunidad se advertía porque al entrar México en el ciclo de bajas tasas de interés era claro que el Banco Central proponía una expansión del consumo abaratando el dinero, así que de la mano de esa tendencia macroeconómica mundial era oportuno promover el crédito como palanca de crecimiento nacional y así ocurrió. No sólo las minoristas sino también las tiendas departamentales, la vivienda y la venta de automóviles se dispararon a cifras récord a partir de esta medida lo que permitió recuperar la confianza del consumidor estabilizando el PIB nacional, aunque de fondo, generando inflación. No había otra opción, era un costo necesario que había que pagar.
Dentro de esta sencilla lectura es importante profundizar en ¿Cómo fue que estas cadenas comerciales lograron tal éxito? Y la respuesta es simple, entendieron bien la estacionalidad, las temporadas, se inspiraron en el “Black Friday” norteamericano y dieron coincidente lectura a la temporada del año en la que el mexicano genera más consumo: Fin de año.
Estos datos inspiraron a la iniciativa privada, esto es, a los empresarios de los giros aquí mencionados en combinación con el gobierno federal a tomar medidas emergentes que garantizarán la protección a estas inversiones, los empleos y sobre todo la demanda agregada del país. La propuesta tenía la intención de prolongar la curva de consumo que tradicionalmente iniciaba el 1° de diciembre adelantándola desde la tercera semana de noviembre de cada año y como muestra se ordenó que el pago de aguinaldos de los trabajadores del servicio público federal se dispersara justo en esa fecha para dotar de mayor liquidez al mercado. Así nace “El Buen Fin” como un esquema de apoyo al consumo. Los resultados son conocidos, el primer año se vendieron casi 40 MMDP mientras que para 2018 las ventas rebasaron los 112 MMDP. Las cifras son indiscutibles.
El “Buen Fin” querido lector ha sido una extraordinaria medida contra cíclica, ha mostrado su efectividad a tal punto que este año 2019, las cadenas departamentales han iniciado una nueva expansión del período ligándolo con el “Día de los solteros” que se celebra en China el 11 de noviembre lo que convierte en un “Buen Fin Extendido”. De hecho, Wal-Mart inició este año su venta especial desde el miércoles 13 al tiempo que otras marcas se han sumado a esta expansión, prueba fiel de que es urgente que la economía se dinamice y que el consumo repunte; el reto este año es que las compras se hagan en efectivo dado que el costo del dinero (crédito) ha ido encareciéndose con el paso de los años.
Pese a los vientos en contra que soplan en la economía nacional, es de aplaudir el compromiso de la iniciativa privada con el crecimiento económico; el INEGI sigue presentando datos muy malos en distintos sectores; el pronóstico para cierre de año es negativo por ello el Banco de México reducirá nuevamente su expectativa de crecimiento para 2020. Es imperativo que entendamos que la economía somos todos y sin importar lo que esté dejando de hacer el gobierno los consumidores somos la clave de la demanda. Ahora bien ¿Qué si el mecanismo de “El Buen Fin” tiene precios engañosos? ¡Vamos! Estamos en un libre mercado, el consumidor es libre de decidir si compra o no, debe analizar los precios, tiene derecho a tener sus preferencias y a elegir. Si la oferta fuera falsa siempre estará PROFECO para hacer valer esos derechos, así que por favor antes de criticar esta excelente medida de estímulo al consumo analicemos sus beneficios porque si el gobierno no se pone las pilas y nosotros vulneramos las pocas medidas contra cíclicas que tenemos después no nos preguntemos porque entramos en recesión.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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