Bolivia: otra democracia al barranco

“Es mi obligación como presidente indígena y de todos los bolivianos asegurar la paz social”. Con estas, en sí, sabias palabras, el señor Evo Morales renunció a la presidencia de Bolivia, después de 14 años en el poder.
Lo cierto es que Evo, un gobernante de recia raigambre indígena y que desde su primer mandato fue claro en su posición a favor de un cambio radical en la administración de su país, llegó al punto de no retorno, sea porque, como dijo al renunciar, “Grupos oligárquicos conspiraron contra la democracia”, sea porque él mismo (a través de los órganos electorales manejados por su propio gobierno) propició su derrumbe con su pretendida reelección.
Como lo informó el periódico “El País”, la Organización de Estados Americanos (OEA)hizo pública una auditoría del proceso electoral en la que se aseguró que “no se siguieron los procedimientos adecuados y hubo ‘contundentes‘ irregularidades, por lo que exigía su anulación” (https://elpais.com/internacional/2019/11/10).
Las irregularidades consistieron, básicamente, en que “La noche de las elecciones, este sistema, que acumula los datos a través de fotografías de las actas,fue interrumpido por el Tribunal Electoralal llegar al 83% escrutado. En este momento, la diferencia entre el presidenteEvo Moralesy el opositorCarlos Mesaera escasa y el resultado obligabaa una segunda vuelta. Al día siguiente, cuando el sistema fue reanudado, la diferencia creció y daba la victoria a Morales en primera vuelta…La misión de observación de laOEAencontró que entre el 20 y 21 de octubre, el conteo rápido ‘cambió de tendencia’ y que lo hizo ‘de manera inexplicable‘ y contraria a las previsiones estadísticas de la misión” (https://elpais.com/internacional/2019/10/25). Esto fue suficiente…
Lo cierto es que nuevamente la democracia, por la forma como se maneja actualmente en muchos países, está siendo objeto de desconfianza y peligro. Ya no basta argumentar que se obtuvieron tantos millones de votos en una elección, si los órganos electorales son integrados a modo por los mandatarios en turno para hacer uso omnímodo del poder.
La democracia solo se puede defender y solo puede mantener su credibilidad (para beneficio de todos) en la solidez y mejoramiento de las instituciones y en la defensa de las instancias y organismos que garantizan un auténtico Estado de derecho. Y su primer enemigo es el autoritarismo y el afán de mantenerse a ultranza en el poder, aunque sean legítimos e incluso plausibles los ideales que induzcan a un mandatario a forzar los mecanismos electorales para lograrlo. Se puede ser un sincero y ferviente convencido de un liderazgo a favor de lo que sea, así sea la salvación del mundo, pero si los métodos son eternizarse en el poder y adueñarse de las instituciones y organismos que son para vigilar y limitar el uso del poder y hacer valer los derechos ciudadanos, lo inevitable es que todas esas buenas intenciones se vengan abajo.
Estos son los riesgos que se corren cuando los gobernantes “En vez de aceptar y ejercer el mandato recibido, se apoderaron de las voluntades ajenas a fin de interpretarlas en su exclusivo beneficio, confundiendo con descaro el interés general con sus particulares ambiciones… La expulsión de los disidentes de los partidos, la tendencia al autoritarismo interno en todos y cada uno de ellos, los rencores ideológicos y personales, la búsqueda de la confrontación en vez del acuerdo, y la apropiación partidista y estúpida del significado de la democracia, cuyas reglas de juego exigen una interpretación común, son signos recurrentes de la enfermedad que aqueja al sistema” (Juan Luis Cibrián (“La democracia de los idiotas”. https://elpais.com/elpais/2019/10/06)
En América Latina, el respaldo a la democracia, que había tenido su valor más alto hace una década (en 2010, un 61% de los ciudadanos confiaba en ella), cayó hasta el 48% el año pasado, cinco puntos menos que en 2017. “Ciudadanos descontentos y distanciados, convencidos de que el uso de los canales institucionales de presión no surten efecto; políticos incapaces de entender el entorno o no dispuestos a empujar los límites de lo posible para acoger las demandas crecientes y nuevas mediante un cambio de timón; más gente fuera del pacto social… Todo esto explica que los latinoamericanos están insatisfechos como nunca con la salud de la democracia yse inclinan cada vez más hacia modelos autoritarios(las democracias iliberales)”. (Rossana Castiglioni, “La fatiga democrática” (https://elpais.com/elpais/2019/10/26).
Se puede engañar a alguien muchas veces o a muchos una vez, pero siempre y a todos, eso está por verse… Y, ciertamente, ambicionar la reelección derrumba a cualquiera.

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