Una muerte de 100 kilos

Tomás Setién Fernández y Natalia Setién Aguilar

Qué de cosas tiene el cine mexicano en su pasado glorioso, evocando aquella cinta estelarizada por Jorge Negrete, titulada El Ahijado de La Muerte; girando el argumento en que el padre de un niño que lloraba en Do Mayor y con voz de tenor, “Dionisio”, interpretado genialmente por Leopoldo “El Chato Ortín”, va a buscar en el cementerio de su pueblo a la madrina de su vástago, precisamente un Día de Muertos, ignorando a una dama rica y a la vez a una mujer pobre, para acceder a recibir los favores de la propia Muerte, interpretada por la inolvidable actriz Emma Roldán, que ya en ese tiempo del año de 1946, estaba bastante rolliza de carnes, y lo que parecía una visión originada por una borrachera colosal, se convierte en una realidad; ganando inmortalidad su hijo que nunca podrá morir, Jorge Negrete con una notable actuación le da vida a Pedro, que ni siquiera las balas impulsadas por los Pelones lo podrá herir.
Dicho filme tuvo una notable aceptación por parte de la crítica mexicana al cine, completando el reparto de El Ahijado de La Muerte el ya referido Chato Ortín, Emma Roldán, Tito Junco, Manuel Dond; siendo dirigida por el realizador nacido en los Estados Unidos, Norman Foster, dentro de un argumento hecho por Luis Alcoriza y su esposa Janeth, todo basado en un cuento de antihadas, elaborado por los Hermanos Grimm,
Otras Muertes singulares en el cine mexicano fueron Miroslava Stern en La Muerte Enamorada, flechando sin remedio al actor crooner Fernando Fernández, tomado el argumento de una novela francesa; La Señora Muerte, una fallida cinta de terror, interpretada por Regina Torné, llevando el estelar el actor de películas de horror de clase Z , John Carradine, autor de las cintas mas malas y deprimentes del Conde Drácula,
Mientras que la cinta La Muerte en Bikini para nada la parca se da un chapuzón en Veracruz o Acapulco sino que denota los peligros de las chicas con diminuto traje de baño a ojos de los perversos.

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