Se embarazan 20 mil menores

Carmen Lara
Cortesía

El estado de Veracruz ocupa el segundo lugar a nivel nacional en embarazo adolescente, con 26 mil embarazos anuales en mujeres adolescentes, esto de acuerdo con la información del Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (Gepea), y el Consejo Nacional de Población (Conapo).
En el informe de Alerta de Género por Agravio Comparado, la comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), sitúo a Veracruz en el tema de embarazos adolescentes, en el segundo lugar nacional con el registro de 26 mil embarazos en mujeres de una edad de 15 a 19 años, esto en el año 2017.
De estos, que se registraron entre el 2016 y 2017, el 91 por ciento de ellos eran de mujeres entre los 15 y 19 años, mientras que el ocho por ciento eran de niñas menores de 15 años.
Ante tal situación la psicóloga Ana Zoraida Nicolás Gutiérrez, expresó que existen diversas perspectivas desde las cuales se pueden analizar las causas de los embarazos a temprana edad, ya que además de ser una cuestión de salud, también es una situación cultural que va desde la desigualdad de géneros hasta el matrimonio forzado a temprana edad que sigue sucediendo en diversas comunidades del país.
“Aunado a esto, las redes sociales han normalizado cada vez más la sexualidad entre los menores de edad, que si bien natural, los adolescentes encuentran información poco seria al respecto, por lo cual empiezan a experimentar su sexualidad asociando con el prestigio que observan en estereotipos sociales”, mencionó.

Consecuencias
físicas y emocionales
Las repercusiones para la salud física de la madre como del bebé son múltiples, ya que el cuerpo de la menor aun no es lo suficiente maduro para desarrollar de la mejor manera esta función, desde la perspectiva psicológica la menor que se enfrenta a un embarazo no deseado o no planeado puede experimentar rechazo hacia el bebé,depresión, ansiedad por la situación que enfrentará con su familia, pareja y contexto social.
Además de que su desarrollo escolar se ve disminuido debido a las nuevas responsabilidades que implica el embarazo y eso complica también las oportunidades de desarrollo laboral.
Es una situación en la que su vida se pone en riesgo, además de que varían los efectos secundarios a partir de la experiencia en la cual se embarazó la menor, si fue bajo consentimiento o bien si violentaron su integridad.
“Las consecuencias emocionales y psicológicas varían en cada madre y es necesario una valoración individual para poder determinar las consecuencias en cada caso, acudir a terapia es recomendable ya que la menor necesitará fortalecer su autoestima para poder asumir su nuevo rol de madre, el que su familia acuda también es importante ya que la dinámica familiar cambiará a partir del nuevo integrante de la familia, y las interacciones entre los miembros debe ir encaminada hacia una adaptación, aceptación y principalmente a una sana convivencia”, argumentó la psicóloga.