El profeta armado y la izquierda veracruzana

Hands writing on old typewriter over wooden table background

El último escándalo en la Universidad Veracruzana ilustra muy bien una de las principales condicionantes de la actual circunstancia del estado. Una profesora de la Facultad de Filosofía denunció hace más de dos años ante todas sus instancias posibles de que era víctima de acoso institucional. Solo encontró silencio. Luego fue a los medios de comunicación, ensayó la vía judicial y finalmente la Comisión Estatal de Derechos Humanos emitió la recomendación 50/2019 dentro del expediente CEDH/2VG/DAM/1081/2017, por el caso de Violencia laboral por personal de la Facultad de Filosofía de la Universidad Veracruzana, en la que instruye para que la institución se disculpe, realice una investigación interna y se les ofrezca unos cursos a los agresores. La rectoría emitió una declaración en su portal electrónica con algo parecido a una disculpa que en el fondo no lo es, y luego ante las críticas se negó a corregir su comunicado.
La Universidad Veracruzana, bastión de la izquierda que ahora gobierna el estado, ofrece entonces otro ejemplo del divorcio entre el discurso y la acción política de la izquierda.
Como escribió alguna vez Nicolás Maquiavelo, el filósofo es una especie de profeta que descubre con su pensamiento el camino que la sociedad debe seguir, pero carece de la fuerza para guiar a sus contemporáneos. Sin embargo, es posible que obtenga el poder, y entonces el profeta armado, con ideas y la fuerza, podrá realizar su visión.
La izquierda veracruzana durante décadas pontificó sobre lo que era debido hacer para mejorar el estado. Ahora, alcanzó esa posibilidad, tiene las ideas, aunque solo sean la repetición del discurso obradorista, y dispone de toda la fuerza del gobierno estatal y el respaldo de la federación, pero parece un niño al que se le ha dado una pistola y el resto de los ciudadanos corren angustiados cada vez el infante tiene otra ocurrencia.
Como en el caso de la filósofa y la rectora, lo que escucha la opinión pública y lo que hacen los personajes con el poder público no son coincidentes; no se dan cuenta de las contradicciones, cada día alegremente nos regalan otra incongruencia, y así pasa el tiempo sin resolver realmente los problemas sociales.
En el estudio de la cultura política de la izquierda, el concepto de culto a la personalidad ayuda a explicar ese curioso fenómeno. Ocurre cuando un líder carismático es adulado hasta el punto de considerarlo infalible en su pensamiento y decisiones; el culto a la personalidad tiene el objetivo de fortalecer el poder político del líder, y por eso una de sus características es que su discurso debe ser recibido sin crítica alguna, o de lo contrario, quien lo cuestiona es considerado como un traidor a la patria, porque además el líder se confunde con la nación, es decir, el país no podría sobrevivir sin su liderazgo.
En el ámbito de la psicología de los grupos, el culto a la personalidad es una característica que distingue el fenómeno conocido como pensamiento de grupo, en el que un conjunto de personas competentes llega a tomar las peores decisiones, debido a que tienen un líder fuerte al que evitan cuestionar esperando que alguien más lo haga, no tienen reglas claras para el procedimiento de toma de decisiones, el grupo está muy cohesionado y es homogéneo en cuanto a las ideas que comparten, sin ninguna disidencia en el pensamiento o la información que disponen al momento de decidir cómo resolver un problema.
Debido a esos factores, entre otros, el grupo no estudia otras alternativas, no tienen claro los objetivos, no valoran correctamente los riesgos que corren con la opción que prefiere, pero principalmente les caracteriza la pobreza de información, el poco conocimiento que realmente tienen sobre el tema, las circunstancias, las opciones y sus consecuencias, porque a los datos les dan un tratamiento subjetivo o tendencioso. Por lo mismo, no tienen planes alternativos, convencidos de que es la mejor o única decisión posible.
El fatal error en la prevención de la epidemia del dengue, pensando de que era un derroche de dinero en manos de algunos corruptos, como también sucedió con la atención los enfermos de cáncer, el cierre de las guarderías infantiles o al abolir la evaluación de los docentes, son ejemplos de decisiones tomadas por grupos que gobiernan bajo un liderazgo fuerte, el del presidente de la Tercera República Centralista, que siempre “tienen otros datos”, y por lo visto cuentan con sus propias leyes, ajenas a las derivadas de la constitución federal, y rechazan cualquier otra idea o información que provenga de los “conservadores”.
La seguridad es el aspecto de la vida pública en el que se observa mejor el pensamiento de grupo. El lunes 14 de octubre policías estatales fueron emboscados por la delincuencia organizada con el saldo de 14 elementos asesinados y casi al mismo tiempo, en el palacio nacional, el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana adelantó un informe sobre sus tareas y la estrategia de seguridad para el país. Mientras que la conclusión general es que la estrategia fracasó, el presidente dice que continuará. Ejemplo claro de la izquierda, su profeta armado y el culto a la personalidad. Vaya problema.

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