Mantener la esencia

Daflin García Diario
El Mundo

Emocionada, agradecida, pero sobre todo feliz por poner en alto el nombre de México en el mundo a través de la danza, así se siente Rocío Alemán, solista del Stuttgart Ballet, quien formará parte de la gala del 9° Festival Internacional de la Danza que se realizará del 29 de octubre al 2 de noviembre, por primera vez en Orizaba, Pueblo Mágico. A pesar de tener una agenda saturada, pues confiesa que antes de visitar la ciudad de las aguas alegres estará en Taiwán y volará cerca de 15 horas para poder asistir al festival, Rocío abre un espacio y platica en exclusiva y vía telefónica con Diario El Mundo, desde Alemania.

El orgullo
Originaria de Monterrey, con 27 años, Rocío ha viajado por el mundo, luego de ganar en el 2007 una beca tras su participación en el Festival Internacional de la Danza en la escuela John Cranko del Stuttgart Ballet, en Alemania, donde se gradúo en el 2011.

¿Rocío, ya estás más que lista para participar en el 9° Festival Internacional de la Danza y estar en estas tierras próximamente?
Sí, de hecho estoy muy emocionada y agradecida con todo el staff del festival por haberme invitado, para mí siempre será un honor regresar a bailar a México y ahora más que regreso a bailar a Veracruz ya que ahí fue la plataforma para que diferentes visores me abrieran las puertas, otorgándome becas para diferentes escuelas de nivel mundial.

¿Qué grandes puertas te abrió el festival?
Como lo mencioné anteriormente, el haber asistido al festival me abrió las puertas a diferentes escuelas de ballet, fue un punto decisivo en mi vida de bailarina. Participé dos veces, cuando tenía 13 y 15 años, en ambos festivales se me abrieron muchas puertas en el extranjero,. Es algo muy especial que tiene este tipo de festivales, no sólo por las oportunidades que ofrece a los nuevos talentos de ballet, sino también porque a los participantes les ayuda a crecer como persona y como artista. El hecho de que a mí se me haya dado una beca en el extranjero es un sueño hecho realidad; un sueño al que aspiran la mayoría de los jóvenes que asisten como participantes a estos festivales, entonces, imagínate lo que significa para mí el haberlo logrado, fue un momento decisivo en mi carrera. Yo tuve la oportunidad de participar en el Youth America Grand Prix (YAGP) y estar en Nueva York, fue maravilloso no sólo por el hecho de estar concursando sino porque aprendí de todos los bailarines que están ahí, maestros y alumnos.

¿Qué mensaje le das a los jóvenes que están listos para concursar, para alentarlos a participar y que sigan en esta carrera tan complicada como es la danza y para abrirse el espacio para destacar?
Lo dices bien, es una carrera complicada, pero si les gusta y sienten pasión por la danza, sus esfuerzos serán menos pesados y muy gratificantes, quizá no con algunas medallas, porque no todos lo pueden lograr pero sí una satisfacción muy grande porque ya el hecho de que sean considerados para este festival debe de ser un gran orgullo para cada uno de ellos pues hay muchos niños y jóvenes que quisieran participar pero por diferentes motivos no lo podrán realizar. Que no se enfoquen en los premios, que no se presionen, que lo disfruten, que aprendan de esta experiencia que van a vivir, van a convivir con muchos bailarines, que como ellos, también tienen un gran talento; creo que eso es algo muy importante porque a veces nos enfocamos en nosotros mismos, pero si se dan la oportunidad de aprender de lo que los demás ofrecen, van a crecer mucho como artistas. Si llegan los premios, ¡qué padre! y si llegan a presentarse las oportunidades de asistir a escuelas internacionales con becas, que las tomen y se atrevan ya que podrán aprender de lo que está sucediendo artística y culturalmente en otras partes del mundo.

¿Qué representó para ti esto?, es decir, concursas y ganas la beca y es dejar atrás un México, una familia, unos amigos, muchas cosas… ¿cuáles fueron los retos a los que te tuviste que enfrentar, al decir sí voy y me cambio de continente y de idioma y de todo?
Fue y sigue siendo una experiencia muy importante, la primera vez que participé, en el Festival Internacional me ofrecieron varias becas, entre ellas la de Alemania ¡tenía 13 años! . Me entusiasmé y me motivé aunque en ese momento no estaba muy consciente de lo que era ir al extranjero y dejar a tu familia, maestros, amigos, tu escuela. Mi familia y mis maestros platicaron conmigo, me recomendaron quedarme en México y seguir creciendo, pues aún me faltaba madurar como persona y como bailarina; en ese momento no lo entendí, pero mis papás me dijeron “si es para ti y no es ahora, en otro momento la vas a tener (la beca) ” y con mucha tristeza me quedé. Efectivamente, en el 2007 se me presenta nuevamente la oportunidad de asistir al festival , ahora ya con 15 años. Me vuelven a ofrecer becas a diferentes escuelas, de diferentes partes del mundo, entre ellas nuevamente la de la John Cranko Schule, en ese momento ya me sentía más preparada y decidida a irme; asesorada por mis maestros, y con la autorización de mi padres, decidí aceptar la oferta de esta gran institución Alemana, con reconocimiento a nivel mundial. Son sentimientos encontrados, dejé a mi familia, mi entorno, y me dirigí a un lugar completamente distinto, sin noción alguna del idioma. Sabía que iba a trabajar y luchar por alcanzar mis metas. Han sido ya 12 años desde que llegué a Stuttgart y ha sido una experiencia única.

Vamos a hablar más íntimo Rocío, quisiera saber ¿qué sientes cuando estás en el escenario, qué te inspira para poder interpretar la danza y compartirla al público?
Es un momento difícil de describir, un momento en donde se crea una magia especial. Una vez arriba del escenario desconecto de todo, es el momento de escuchar la música, de adentrarme en el papel que me corresponde interpretar y hacerlo llegar al público. Y lo importante es transmitirlo al público… la esencia es esa, transmitir el mensaje, sentir la danza y no perder nunca eso que nos hace únicos y especiales.

¿Qué tan difícil o qué tan fácil ha sido para ti tener tu propia esencia como mexicana y bailarina en un lugar, que tal vez nosotros, desde aquí podemos considerar que es “frío”?
Ser Mexicana es algo que me identifica como bailarina. Estoy en una compañía internacional, hay bailarines de muchas partes del mundo, y eso mismo me ayuda a no perder mi esencia, además de que estoy en constante comunicación con mi familia y no pierden oportunidad para recordarme de dónde vengo, cuáles son mis raíces; eso me hace seguir, me ayuda cuando tengo momentos difíciles, sobretodo el acordarme de todo lo que he pasado y el por qué sigo aquí. En esta disciplina, hay cada vez más personas mexicanas que están triunfando en el extranjero y eso se siente muy bonito. Estoy segura que hay muchos más bailarines talentosos en México que, por falta de apoyo, no pueden desarrollarse.

¿Qué extrañas de México?
Muchas cosas, lo principal a mis papás, a mis hermanas, mis sobrinas, en sí a toda mi familia, porque somos una familia muy unida… gracias a Dios contamos hoy en día con una tecnología muy avanzada, la cual me ayuda a sentirme un poco más cercana a ellos. Extraño la comida, aunque ya me acostumbré a la comida alemana, nunca será lo mismo… el clima soleado de Monterrey y su gente, aquí en Alemania las personas son muy amables, pero siempre los mexicanos tenemos ese “algo” especial y cálido que nos identifica.

¿Qué más planes tiene a futuro Rocío?
Esta semana estaremos de gira por Taiwán, de ahí vuelo directo al festival de Orizaba y de ahí a una gala en Austria; después estaré presentando coreografías aquí en la compañía de Stuttgart y la vez iniciaremos con los ensayos para la Bella Durmiente… gracias a Dios, agenda llena; estoy en una compañía que tiene repertorios muy variados, es una de las cosas por las me encanta estar aquí.

¿Cómo se ve Rocío dentro de tres años en el mundo de la danza y como persona?
Voy a seguir trabajando, con mucha pasión y con mucha disciplina, buscando ascender y crecer dentro de la compañía. Dentro de mis planes está compartir mis experiencias como bailarina y mi crecimiento como persona; regresar a mi tierra y apoyar a los nuevos talentos para que ellos también puedan disfrutar de lo que la danza nos ofrece hoy en día.