“Yo que fui volcán”

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Luis R. Pérez Lezama
“El dinero no existe”

El sonido de las copas al chocar opaca las risas del comedor, de pronto alguien dice en voz más alta una frase que para mi no tiene sentido… el silencio se hace por un momento y las carcajadas se desatan al tiempo que las copas vuelven a chocar. Para mí, es una fortuna que sea tan tarde y mis padres me permitan seguir jugando en el patio, normalmente debería estar dormido, pero amo correr por toda la casa con la camiseta empapada de sudor; me detengo sólo para tomar un poco de refresco al tiempo que me atrae una melodiosa voz, ronca, triste y dolorosa que parafrasea: “Sintiéndolo en alma hay que reconocer, que nuestro amor se acaba y que no hay nada que hacer ¿Cuál amor? Me pregunto… Es el año de 1981 y apenas tengo 5 años. Un casette de un tal José José reposa sobre la mesa. No sé quién es, pero me gusta su voz, me gusta más que la de José López Portillo quien tiene al país en ese año en un PIB de 8.8% y una inflación de 27.9%.
Con recurrencia mi padre convoca a reiteradas reuniones durante esos años gracias a su buena posición, el tiempo pasa y el tal José José canta con fuerza, es el ’83 y escucho que le pide a alguien: “Vuelve, aunque vengas de Dios sabe dónde aquí esta tu casa”, ya tengo 7 años y entiendo que las fiestas a veces son de felicidad y otras de tristeza. Observo con claridad que, aunque en casa no falta nada la mirada de mi madre refleja ausencia, tengo claro que algo entre ella y mi padre no camina, pero no tengo tiempo de detenerme, debo seguir jugando porque el tiempo pasa volando. Una mañana del ’84 a punto de cumplir los 8 años mi padre y yo vemos el estreno del videoclip “Payaso” que aparentemente por culpa del amor de alguien va rodando de fracaso en fracaso y aprendo que “Uno no es lo que quiere sino lo que puede ser”. Ya es presidente de Miguel de la Madrid y el país intenta levantarse de una crisis creciendo a ritmo de 3.6%, mientras la inflación alcanza el 66.16% y la situación económica en casa no mejora, el dinero escasea, los problemas crecen y la distancia entre mamá y papá crece. Yo me refugio en mi canción favorita: “Un día llegará que ya, de tanto ir y venir rodando el cuerpo me dirá que no, que pare que ya está cansado”.
El ’85 pasa volando, tiembla la tierra y cumplo 9 años bajo la mirada resignada de mi madre, mi hermana es pequeña y aún no entiende de la vida; la consola toca “Porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa, el amor acaba”, yo comprendo ya que el sentimiento es humo y ceniza la palabra. De festejo, al cine a ver “Gavilán o paloma”, finalmente la venda ha caído de mis ojos y comprendo claramente que el dolor y el desamor son parte de la vida, abrazo a mi madre y suspiro sin saber que nos deparara el destino. El período de De La Madrid extrañamente es quizá el de menor riqueza en casa, pero noto que mis padres intentan rehacer el camino, la economía no marcha bien, pero parece que la escasez trae a mi hogar un poco de estabilidad, de pronto cumplo 12 y la primaria termina.
Carlos Salinas asume la presidencia al tiempo que José José canta “Cobarde” (no se si por concidencia).
Mi rostro ya no es el de un niño, la economía, la política y José José son mi identidad. Una mañana mi padre habla conmigo y me dice que el cambio de gobierno trae oportunidades y se marcha lejos a trabajar. Es el ’89, el PIB es de 1.2% y 20.32% de inflación, empiezo a comprender que somos un país que sufre, en los hogares se llora, los precios suben, la gente se queja y quizá por eso la gente prefiere olvidar justo por eso José José canta: “Amnesia” y yo sonrío cuando escucho: “Usted me cuenta que nosotros dos…”
Es tiempo de ser optimista, el amor inspira mi juventud y a la economía nacional le motiva el comercio exterior sin embargo con el tiempo nos daríamos cuenta de que ni el amor joven ni la economía crecían al ritmo que pensábamos y que a veces el amor es tan falso como la balanza de pagos del ’94. Quizá por eso durante ese año José José le canta a México “Tan suave gente, tan suave patria” sin embargo la crisis llega, Colosio es asesinado y yo me disgusto con la política para enamorarme de la economía. Zedillo devalúa el peso y mi interés por la macroeconomía crece. Me lleno de ilusiones y de amores, pero veo a José cansado, el tiempo ha pasado. México no es el mismo, ni José ni yo lo somos ya.
En el ’95 José y yo cantamos “Ya lo ves, no valió la pena enojarnos tanto, maltratarnos y decirnos cosas que jamás pensamos” en el comedor de mi casa, ese año comprendo que el amor no merece castigo, al amor es preciso mimarlo, quizá porque es el año en el que el amor aparece en mi vida y mi título de romántico esta vigente al poner en práctica lo que José José me enseñó, no importa que el país tenga una inflación del 35% ni que estemos en recesión con -6.2% de PIB. La universidad consume mi tiempo, pronto llega el ’98 y miro a José en la televisión cantar “Cuanta distancia, cuantos recuerdos” al tiempo que contabilizo los 6 años que tengo de no ver a mi padre, pero por otro lado celebro la entereza de mi madre, firme como un roble así que, para celebrar, los papeles se invierten y mi mesa del comedor se llena de amigos queridos a los que comparto mi pasión por la economía y por José José. Las charlas son interminables, el whisky también y por supuesto el debate político es obligado entre nosotros en un país donde la inflación es del 16% y crecemos 5%.
Con Fox llega el último disco vigente de José: “Tenampa”, con el que concluye su incansable ola de éxitos sin embargo para mí fue el inicio del homenaje que cada viernes le hice al hombre que me abrió los ojos al dolor, al amor y al desamor. Sin importar que llegará Calderón y luego Peña Nieto, sin importar que me volviera un adulto, sin importar que la economía promedie 2% de PIB en los últimos 12 años.
José José me enseñó a sobrevivir, fue una enciclopedia del sufrimiento a la que podías recurrir cada semana para entender porque duele el corazón.
José José es el padre del desamor, un hombre que enseño a generaciones, incluida la mía a brindar por el dolor, porque como dice un amigo querido: José sabía y conocía de la vida. Es tiempo de echarle a las palomas pan José, tu día llegó.
El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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