A Betty la afean

Talavera Serdán
Quésto y Quel´otro

FEATRIZ, QUASIMODO, gárgola, batracio, bigotona, fea, fea, fea… Cada cap de 45 mins de “Betty en N.Y.”, auto-plagio de Fernando Gaitán Salom de su gallina pone-oro, con ya 7 versiones (colombiana-venezolana-mexicana-china-italiana-croata, creo, y ahora gringa) es ejercicio en misoginia innecesaria, y hasta cruel, donde el epíteto es repetido ad nauseaum.
Betty, ya de apellidos varios, hoy es Beatriz Aurora Rincón, que ha vivido su corta existencia acosada por la idea de ser un reto estético, pero con asombrosa capacidad de administrar finanzas, que la destacan en un mundo donde lo superficial, como la belleza física, la apariencia, y la “perfección” la limitan en el exterior, por su “look”, y la corteza de su cerebro ya hecha a la idea de ser como es (y ni así se rasura el esbozo de bigote, o peina su cabello hirsuto y vasto).
MARCADA POR decepciones en que ha sido víctima de abuso (un coleguita en prepa la usa para que le haga su tarea, un venezolano guapo la enamora para desposarla y obtener su “tarjeta verde” de residencia). En “Betty en NY” retomamos el personaje que dejó muy bien planteado América Ferrera -quien mereció varios premios– en la producción de Salma Hayek “Ugly Betty”, de nuevo en el mundo de la moda –¿qué mayor contraste?–, de nuevo luchando, humillándose, ganándose la amistad de colegas por su buen corazón, el de su jefe, de quien inevitablemente se enamorará, por su fenomenal sentido de la administración, y la envidia y desdén de quienes no pueden estar a su altura intelectual, aunque se sientan y proclamen “superiores.”
EYFER TORRES como “Betty” en su debut estelar, es una revelación, y el final de esta interminable saga de 168 capítulos en que se cuelan sub-tramas-pegote innecesarias, se nos telegrafía el final. El background de la atractiva “en la vida real” Eyfer en su primer estelar, de sangre portorriqueña, se ha empleado para buen efecto en la segunda temporada de “La piloto”, y su capacidad transformativa la convirtió en la joven Selena Quintanilla (TNT Latino), y en la serie “Nicky Jam: El ganador” para Netflix, que también patrocina esta costosa, admirable producción en sus sets elaborados al detalle, donde más se nota la inversión.
La vida simple de Betty da un volteón para mejorar (¿o empeorar?) cuando conoce al hombre de sus sueños, Armando, el presidente de la casa de modas (es igualito en todas las Bettys-que-es-la-misma del autor), y el asunto es siempre como capturar el corazón elusivo de un tipo muy fuera de su liga, y que además vive de la belleza femenina, que él no sólo celebra y contrata sino que cobra en carne.net. Eventualmente, ¿Armando caerá por el patito feo… Usted que dice?.
EN BETTY N.Y. lo que tenemos es: locaciones naturales (NY, Miami), lo que me hace soportar este engendro, concurso de malas y peores actuaciones: Eyfer, con todo y su patetismo creíble, bigotes y todo, OK; pero Erick Elías, a quien Irene Azuela se lo devora en “El hotel de los secretos” es tan malo en drama como en comedia burda. No está solo: el una vez promisorio Aarón Díaz, una lacra en la empresa, sólo superficie y cero efectividad, hace la peor imitación de Luke Perry (“Beverly Hills 90210”), patillas a los 70s a juego, ceja alzada, ojo entrecerrado, caricatura ad hoc. Insoportable, sobre todo por inútil.
El festival de mala comedia lo encabezan el siempre pesado César Bono, y el reparto amplio de oficinistas que encabeza la veterana Amaranta Ruiz (excluyendo a la encantadora veterana cubana Isabel Moreno, “Inesita”, paliativo del temperamental, insoportable, pero bastante bien actuado Héctor Suárez Gomís, como el inflado, temperamental, extra-large diseñador Hugo Lombardi. Suárez tiene muchas de las mejores líneas, y junto con la fantástica rubia frívola y superficial “Patricia” (Silvia Sáenz, de “J. José, príncipe de la canción”) ofrecen sonrisas muy bienvenidas entre el maremagnum de incapacidad de actuaciones, donde los pocos que sobreviven son el veterano Saúl Lizaso, como el mero-mero de la cía., la venezolana Sabrina Seara, “Marcela”, aunque medio tiempo lo pase alzando los ojos al cielo ante las impertinencias de su cuata “Patri.” EN ESCENAS estridentes -todos gritan sus líneas–, fresco bienvenido lo ofrece la experimentada, dulce Alma Delfina, como la comprensiva madre de Betty (en contraste con el insoportable Bono), y un trío de guapetones que en este concurso de gritos, caras y gestos obtendrían la trifecta: Freddy Flores, “Giovanni”; Polo Monárrez, “Wilson”, y Pepe Suárez, “Efraín”. Al joven Mauricio ´40 y 20´ Salas lo salva su novatez y carisma como “Nicolás”, mejor amigo de Betty.
VOY EN EL Cap 16. No creo llegar al 126 dado que, como todos quienes conocen alguna de las vidas de Betty, sabemos que atrapa al galán (¿el gestudo Erick Elías?, ni gratis), aunque en la versión que para moi is the best, “Ugly Betty” crece fuera de la sombra de él, en el universo bettyano-gaiteano, donde todo puede pasar (el autor, también de “Hasta que la plata-la herencia-el divorcio nos separe”, sensiblemente fallecido en enero 2018 a los 58 años, quizá “feamente” agobiado), o hasta que Elías, o su peor antecesor Jaime Camil (“La fea más bella”), acabe de separar a las Bettys de mundo. Aunque me temo que al tema aún le hallarán carne y hueso para más. Oh-my-God!.

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