Carta a un aspirante

Con un poco de sorpresa, otro poco de extrañeza y algo más de beneplácito he leído e inferido de tus escritos, sobre todo en las redes sociales, que has tomado la decisión de participar de manera directa en las próximas campañas políticas para ocupar un cargo en la administración pública.
Reconozco que no me ha sido posible (¿a alguien sí?) leer todos los comentarios que haces en estos tan dinámicos y efímeros medios de comunicación actuales, porque necesitaría estar todo el día (y quizá también por la noche) pegado a un aparato cibernético por la profusión de mensajes con los que aportas tus puntos de vista, generalmente muy críticos y convencidos, y siempre muy polémicos, sobre asuntos de la vida política y social de tu comunidad.
En los que alcanzo a leer, a más de ser una persona con mucha información, sea por tu experiencia profesional, sea por tu efímera intervención en la vida política, sea por tu permanente afán de cultivar tu mente, eres una persona con un espíritu abierto, crítico, muy polémico y también muy propositivo.
Al ser una persona de mente abierta, esta cualidad te aleja de la cerrazón intelectual de quienes se sienten poseedores de la verdad y son víctimas de criterios estrechos y reacios a ver y reconocer lo positivo en otras puntos de vista. Por ser crítico, esta actitud te ha permitido mantenerte alejado de posiciones extremistas, de ser fanático de doctrinas, posturas ideológicas o partidos políticos, de sectas religiosas e, incluso (así lo veo desde lejos) hasta de equipos futboleros… Al ser polémico recibes alabanzas de quienes ven en ello el valor de expresar con pantalones lo que se piensa y, como dice el vulgo, de no tener pelos enredados en la lengua; y también recibes golpes, descalificaciones y agresiones de quienes no entienden que, como decía un viejo filósofo, la verdad está en el todo, y que cuando una persona es intransigente, se vuelve monolítica y soberbia. Para ejemplos ya tenemos varios… Al ser propositivo se te reconoce tu capacidad de innovar, de ver los errores que, con un tesón y un fervor dignos de mejores causas, estos gobernantes y “gobernantas” actuales cometen a diario. Y no quedarse en el podio del juez, sino atreverse a proponer opciones, a buscar otras maneras de ejercer el poder y la administración. Y no hay forma más valedera que la de indagar, probar y comprobar cuáles son las mejores acciones que convienen a una comunidad. Y si se yerra, reparar a tiempo…
Por estas cualidades, me atrevo a expresar que podrías ser un buen gobernante, un buen administrador de los recursos humanos, materiales y económicos con los que cuenta la comunidad que pretendes gobernar.
Si los pronósticos no fallan, si las sirenas del poder no te encantan los oídos con la meliflua y embrujadora melodía de la ambición, si los ofrecimientos de los partidos políticos que, emulando al rey Midas, pero a la inversa, convierten en lodo y suciedad el oro que tocan, no te envuelven e incorporan a sus huestes, si eres capaz de mover las conciencias de ciudadanos apáticos y cerrados en sus muy privados intereses y negocios, si demuestras que tener una mente abierta y crítica y reconocer los aportes positivos de otros pueden romper las inercias producto de la flojera mental de muchos y arriesgar proyectos y obras que son urgentes para beneficio de esa comunidad, si todo esto se da, podemos confiar en que podrás ser un buen gobernante.
Ignoro si, de decidirte a participar en la próxima batalla política, lo harás por la libre o caerás en las redes de algún partido político. Entiendo que la alternativa tiene dos pitones a cual más peligroso: uno, enfrentarse solo a las huestes partidistas tradicionales y peor ahora con este Movimiento que está engolosinado con el poder y tiene todo el dinero que quiere; otro, vender el alma al diablo que resulte mejor postor. Lo malo es que, como lo vemos día a día, el poder obnubila la mente y ensoberbece el corazón.
La comunidad en la que vives ha sido víctima de intereses mezquinos y de ambiciones personales. Esto la ha convertido en un depósito de aguas estancadas y en botín de rapaces y malvivientes. Pero hay quienes sobreviven con dignidad, aunque se mantienen silenciosos y hasta escépticos por tantos años de desolación. A ellos hay que restablecerles la esperanza y la fe, y enfrentar el reto para que la comunidad vuelva a ser lo heroica que alguna vez fue.
Es muy propicio el tiempo que aún falta para tomar una decisión, pero si la opción es sí, la responsabilidad es tan grande como la decepción si se traiciona la voluntad y confianza de un pueblo.

Atentamente
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