Adular, gran negociazo

Embarcadero
Una frase de Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, centra una de las claves para sobrevivir en política… En su libro “Confieso que he vivido”, dice: “Me persiguió con su adulación”… Cierto, una de las grandes pifias, imperdonable, de Neruda, fue su oda a José Stalin… Pero al mismo tiempo, su extraordinaria solidaridad con Salvador Allende, el primer presidente socialista de una república en América Latina elegido en las urnas, lejos de conquistar el poder por la vía de las armas con golpe de Estado como Augusto Pinochet y tantos otros de sus colegas…

Rompeolas
Pocos, excepcionales políticos de todos los niveles escapan a la adulación… La adulación, primero, de la familia, hermanos, tíos, sobrinos, parientes… Después, de los círculos del poder… Luego, de las barbies, tan dañinas como suelen ser pues como decía Henry Kissinger, hay mujeres a quienes encanta el olor a poder y por añadidura, el olor al billete fácil… De inmediato, la adulación del gabinete legal y ampliado… Y por añadidura, la adulación de los secretarios y auxiliares y hasta de los choferes y escoltas… Y, claro, de los diputados locales y federales y ni se diga de los medios…

Astilleros
Día y noche, el político encumbrado oscila entre la espada y la espada de la adulación… El halago, el tiradero de incienso… Famosa la frase del siglo pasado de “A sus órdenes, Señor”… Imborrable la escena donde Carlos Hank González, nombrado secretario de Agricultura, un tipo altísimo, altísimo de estatura, saluda a su jefe, el presidente Carlos Salinas de Gortari, de corta y diminuta estatura, y Hank se va inclinando, inclinando, inclinando, hasta quedar cien por ciento doblado, más chiquito que Salinas…

Escolleras
Incluso, en la rebatinga del poder para quedar bien con el jefe máximo, los políticos compiten entre sí (también, claro, las barbies, por ejemplo) halagando sin cesar al patroncito… El aplausómetro entra al quite y de pronto, los políticos pierden el decoro y la dignidad tirándose al pie, sirviendo de alfombra para el paso del ejecutivo… Así, el jefe máximo reparte cargos, comisiones, salarios y viáticos, gastos extraordinarios, al bufón más cortesano… En la historia del poder público hay políticos ofrendando a sus esposas e hijas al presidente de la República y al gobernador… La vida, como una carnicería humana… La posibilidad de ascender en la vida pública a partir de la sevicia moral y sexual…

Plazoleta
Y, bueno, si Pablo Neruda, intelectual, escritor, poeta, activista social y político, habituado a la crítica y a la auto/reflexión, sucumbió a la adulación, con más razón los políticos… Maximino Ávila Camacho, gobernador de Puebla, hermano de Manuel, el presidente de la República, era un alcohólico público… Organizaba fiestas en su rancho… Ebrio, trepaba a la espalda de los funcionarios del gabinete legal y ampliado y les ordenaba relinchar como caballos y ellos relinchaban… Y pedía una reata y les pegaba en las nalgas y lo soportaban y hasta reían… Y les ordenaba dar vueltas brincando como si estuvieran en un corral y trotaban… Todo, para mantenerse en el poder…

Palmeras
En el sexenio de Rafael Hernández Ochoa, gobernador de Veracruz, había un diputado local… Se llamaba Armando Rodal… La mitad del gabinete lo describía en 4 patas en la sala de la casa del góber dando vueltas con sus hijos trepados en la espalda como si fuera un caballito… La adulación, en su más alto decibel… Los aduladores son un ejército fuerte, invencible, sórdido y siniestro y pocos, excepcionales corazones políticos resisten…