Es la charrería una cultura desde 1519

Sandra De la Luz F.
El Mundo de Tecamachalco

Tecamachalco.- La charrería es uno de los deportes mexicanos por excelencia, que refleja la mexicanidad, tradición y gallardía. Actualmente continúa como uno de los principales distintivos del país, como una suma de esfuerzo y disciplina, que enaltece esta cultura.
Desde 1519, nace esta civilización poco después de la conquista de los españoles, por la necesidad de cuidar, contener y sobre todo controlar el ganado, compartió Víctor Arturo Genis, integrante de la Asociación de Charros en Tecamachalco.
Anteriormente a los indios no se les permitía montar a caballo porque los españoles los consideraban una raza inferior, pero se vieron rebasados por el crecimiento del ganado, por lo que optaron por dejar a los indios montar, así como a los criollos, mismos que fueron la primera generación de la mezcla entre españoles e indígenas.
Fray Sebastián de Aparicio, fue uno de los personajes que enseñó a los indios las labores de lazar, montar a caballo, y en general, proteger al ganado. De ahí nace el quehacer de la charrería, con base en el cuidado de las haciendas ganaderas, donde también se incluían los equinos y bovinos.
A la llegada de la Revolución, comienza el crecimiento de la charrería y tiende a transformarse en un deporte, y con ello se busca la realización de espacios adecuados para su desempeño, como lo son los lienzos charros.
La charrería está reconocida ante la Comisión Deportiva Mexicana y existe una Federación Mexicana de Charrería, lo cual inicia a finales del siglo XVIII y principios de 1900, como deporte organizado.

El arraigo
Este deporte comenzó a arraigarse entre 1994 y 1995, con un grupo de mujeres que se interesaron por integrar una escaramuza en el municipio de Tochtepec, pero con el paso del tiempo, deciden hacer su propia asociación en Tecamachalco, lo cual ocurrió a mediados de 1996.
Los señores Martín Rodríguez y Víctor Genis, son los fundadores de la asociación de charros que actualmente se encuentra en la ciudad, quienes decidieron comenzar ese proyecto que hasta la fecha se mantiene.
La infraestructura del lienzo charro, fue primeramente hecha de madera y tras esto, comienzan a entrenar las escaramuzas, equipo que fue integrado por cinco y después se unieron más mujeres para lograr el mínimo reglamentario que es de ocho.
A partir de ahí, se comienza a formar el equipo de charros, y entre ambos grupos le han dado vida al lienzo, mismo que es considerado como uno de los más funcionales de la región en cuanto a sus instalaciones.
La entrega
Ser charro implica llevar esa tarea muy arraigada en el corazón, refiere Víctor Genis, pues el gusto y la pasión, son dos de los principales elementos que se deben tener para poder desempeñarse dentro de ese deporte.
Es importante la resistencia física y estar dispuesto a adaptarse a condiciones extremas, como el sol y el polvo. “Esto realmente es una emulación de las faenas campiranas, tanto en la charrería de damas, como la de hombres”, destaca el entrevistado.
Es un deporte caro, desde la manutención del caballo, hasta la vestimenta, todo por verse con imponente gallardía y elegancia al momento de cada faena. Y qué decir del entrenamiento, para el cual se requiere de franca disciplina, pues ahí se enseña a respetar el liderazgo, al mismo tiempo que se aprende.
Tanto en charros como escaramuzas, lo que los hace trascender, es la disciplina, además de que exista la convicción por trabajar en equipo, pues así es como funcionan las faenas; de manera individual, no se puede trascender, explica Genis.