Hábitos

Guadalupe Martínez Galindo
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Los psicólogos, profesionistas encargados de estudiar la conducta humana, nos dicen que después de realizar una acción durante 23 días consecutivos, se crea un hábito que se seguirá haciendo. Desafortunadamente ese razonamiento funciona no sólo para los buenos sino también para los malos hábitos. Pero enfocándonos hacia la parte positiva, tratemos de manejar a nuestro favor actitudes que nos beneficien, haciéndonos la vida más fácil y favoreciendo nuestra economía y salud.
Es muy importante también no desestimar que nos dicen que muchas costumbres que nos acompañan a veces toda la vida se cimentan durante los primeros cuatro años; hay que admitir que las madres y las primeras educadoras de niños pequeños tienen una gran responsabilidad a este respecto, porque están modelando a una nueva generación que se encargará de nuestro mundo en un próximo futuro. El solo hecho de enseñar a los pequeños a convivir en paz e inculcarles el valor del respeto y la solidaridad principalmente ya es toda una gran labor en la que poco nos detenemos a pensar.
Estamos viviendo graves problemas de salud pública principalmente infantil, por malos hábitos alimenticios ya que estudios de profesionales de la nutrición nos dicen que el treinta por ciento, conservadoramente, de lo que se consume de alimentos hoy, está constituido por comida chatarra y bebidas gaseosas, que por incluir en sus fórmulas sustancias adictivas crean una dependencia en quien las consume, la obesidad infantil con todos los graves males que conlleva principalmente la diabetes y la insuficiencia renal prematura, debe tomarse muy en serio y examinar, las madres de familia, que clase de productos se consumen en el hogar y en que grado benefician o perjudican a cada uno de los integrantes de la familia.
Lo usual es que los niños ya no coman verduras porque desde que eran bebés las madres no crearon en ellos la costumbre de probarlas, resultaba más fácil darles algún producto industrializado, muchas veces más costoso que unos vegetales frescos hervidos que les representaban más tiempo y quehacer prepararlos, sin considerar que a la larga iba a ser más costoso el tratamiento médico para curar a sus niños de cuadros alérgicos cada vez más frecuentes, que producen los conservadores químicos y el exceso de saborizantes, sal, azúcar y colorantes que contienen y que el cuerpo rechaza por naturaleza.
La situación económica actual puede irse sobrellevando si volvemos al buen hábito de consumir alimentos frescos naturales, si dotamos a los niños de una botella o cantimplora de agua fresca y frutas para su lunch de recreo, en vez de darles dinero para que se compren botanas o dulces. No es fácil el cambio ni para los niños ni para los adultos, pero la necesidad obliga y la prevención de males irreversibles sobre todo en los infantes y adolescentes debe obligarnos a tomar medidas drásticas para cambiar hábitos nocivos de consumo para una buena salud individual, familiar y en toda nuestra ciudad por un TEHUACÁN mejor.

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