Favorito tricolor

Agencia Reforma

Puebla encierra las condiciones que favorecen el crecimiento de nueces de Castilla, peras lecheras, manzanas panocheras y duraznos criollos, todos imprescindibles en la elaboración de los chiles en nogada.

Creado por las monjas agustinas del convento de Santa Mónica, este platillo se ofreció a Agustín de Iturbide como celebración de la Independencia.

“Registro del chile en nogada, como tal y hasta ahora, lo desconozco”, comenta Liz Galicia, del restaurante El Mural de los Poblanos.

“No está escrito en ningún lado; el que más se acerca es un chile relleno de frutas bañado con salsa de nuez. Se cree que, inicialmente, pudo ser un postre”.

Según la Secretaría de Turismo estatal, en Puebla más de 22 mil restaurantes ofrecen los famosos y codiciados chiles poblanos rellenos de picadillo con frutas de temporada, capeados ligeramente, bañados en salsa de nuez de Castilla con queso y jerez, y decorados con granada fresca y perejil.

“Es un platillo tradicional y, aunque cada chef trata de darle su toque, siempre es importante utilizar los ingredientes originales. En Puebla pueden encontrarse todos, así que no hay excusa”, exhorta Zureil Ramos, chef de El Sueño Hotel y Spa. Galicia aclara que no se trata de un platillo difícil, pero sí muy elaborado.

El proceso de preparación es largo más no complicado y el resultado será infinitamente mejor si la materia prima es auténticamente poblana.

“Nosotros tardamos cuatro horas en tener los 11 ingredientes listos, ocho para el relleno y tres para la nogada”, agrega Zureil. Capeado o sin capear, con el perejil picado o las nueces de Castilla enteras… cada restaurante, casa y cocinero le pone su sello; eso sí, siempre al amparo de la receta tradicional.

Cuatro ingredientes son imprescindibles si te apegas a la receta poblana: nueces de Castilla, peras lecheras, manzanas panocheras y duraznos criollos.

22 mil restaurantes, sólo en Puebla, ofrecen estos codiciados chiles rellenos de picadillo con frutas de temporada y capeados ligeramente. u Creado por las monjas agustinas del Convento de Santa Mónica, este platillo se ofreció a Agustín de Iturbide como celebración de la Independencia. u Sobre el maridaje, lo idea son vinos rosados y jerez.