Solo se necesita uno

Una mejor manera de vivir
Tere Gómez Torres

En medio de mi autocompasión oí unos sollozos apagados. Al levantar la vista me encontré con la cara de Ruth, surcada de lágrimas. De inmediato, mi corazón de niña se llenó de simpatía hacia Ruth y de ira contra mis treinta y cinco egoístas compañeras.
Me levanté de un salto, plantando en el suelo los zapatos de charol blanco, y proclamé a todo pulmón: “¿Para qué queremos a los otros?”
La expresión sobresaltada de Ruth se convirtió en entusiasmado acuerdo.
Allí estábamos: dos niñas de ocho años con una torta de tres pisos, treinta y seis tazas de chocolate, helado, litros y litros de refresco rojo, tres docenas de artículos de cotillón, juegos a jugar, premios a ganar.
Empezamos por la torta. Como no encontrábamos ningún fósforo y Ruthie (había dejado de ser Ruth) no quería molestar a su mamá, nos limitamos a fingir que las encendíamos. Le canté el “Happy Birthday” en tanto ella pedía un deseo y apagaba de un soplido las velas imaginarias.
En un abrir y cerrar de ojos llegó el mediodía y mamá hizo sonar su bocina frente a la casa. Después de recoger todos mis recuerdos y de dar mil gracias a Ruthie, volé al auto burbujeando de alegría.
“¡Gané todos los juegos! Bueno, la verdad es que Ruthie ganó el de ponerle la cola al burro, pero dijo que la del cumpleaños no podía llevarse los premios, así que me lo cedió. Y repartimos las cosas de cotillón, la mitad para cada una. Le encantó el juego de tocador, mamá. Yo era la única.
¡La única de todo el tercer grado! y no veo la hora de decirle a los otros que se perdieron una fiesta estupenda”.
Mamá detuvo el coche junto al cordón y me abrazó con fuerza. “Estoy orgullosa de tí”, me dijo con lágrimas en los ojos.
Ese día descubrí que una sola persona puede cambiar las cosas. Yo había cambiado por completo el noveno cumpleaños de Ruthie. Y mamá había cambiado mi vida por completo.
Hoy puede ser tu día para cambiarle el día a alguien. Fuiste llamado a marcar la diferencia y a poner una sonrisa donde hay lágrimas.
Tu mundo es como tú eres. Obsérvate y compruébalo y cuando lo aceptes, busca el cambio.

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