País en recesión

Escaleras
La recesión económica (o como la llamen los economistas y políticos encumbrados) está canija. La cuesta de enero prolongada al mes de septiembre. Todos los días una realidad cruda encima. Cada vez más comercios cerrados, 5 mil solo en el sur de Veracruz, por ejemplo. Cada vez, más desempleo, subempleo, y ni se diga, salarios de hambre, igual como en 1910 según describió Ricardo Flores Magón.
Cada vez, más familias migrando de Veracruz a la tierra prometida, así sea Estados Unidos. Veracruz, en el primer lugar nacional en la producción y distribución de trabajadoras sexuales, la venta del cuerpo humano para llevar el itacate y la torta a casa. Insólito, la recesión ha llegado a la industria editorial. De entrada, las editoriales impresoras de libros de literatura (novela, cuentos, poemas, etcétera) redujeron el presupuesto a lo máximo. Y por añadidura, mucho menos libros nuevos circularán este año y el año entrante, a excepción, claro, de los libros del Fondo de Cultura Económica que los imprimirá quizá en papel revolución ahora cuando su director, el escritor exitoso, Paco Ignacio Taibo II, anunció un país de lectores. Ajajá.
Pasamanos
Desde luego, antes, tiempo aciago, se vivió y padeció la adversidad económica. Muchas recesiones ha tenido el país. Tiempo, entonces, de la austeridad total en la casa y en la familia. Tiempo de gastar más que lo necesario y fundamental para vivir. Tiempo de ahorrar lo más que se pueda. Tiempo de vivir “con la medianía del salario” según, se afirma, predicaba Benito Juárez. Pero cuando como en el caso, hay escritores con libros terminados, listos para imprimirse, incluso, con previo contrato con las editoriales, a quienes, de pronto, ¡zas!, les anuncian medidas drásticas y cancelan la fecha de edición, está canijo. Coatzacoalcos, por ejemplo, está declarado un pueblo fantasma. Cada vez más familias migrando. Cada vez menos vida turística. Menos vida nocturna, aun cuando, claro, el oleaje de la violencia ha llevado a un estado de excepción.
Corredores
La situación económica en el país está harto complicada. Las familias, todas, unas más y otras menos, padeciendo la recesión. El sicólogo social aconseja respirar hondo y seguir para adelante empujando una carreta destartalada, sin esperanzas, en un camino azaroso lleno de espinas y cardos y cada vez más largo y extenuante. Hay días, por ejemplo, cuando los meseros del restaurante se la pasan mirando entre sí rogando a su chamán el cliente que de pronto entra se acomode en una mesa que a ellos corresponde. Días cuando la clientela se reduce a unas cuantas mesitas y con frecuencia, solo tomando el cafecito y sin canilla.

Balcones
De por sí, la vida de un escritor es canija. Por ejemplo, de cada uno de sus libros vendidos, el 50 por ciento queda a la librería. El 40 por ciento, a la editorial. Y apenas, apenitas, el diez por ciento al escritor. Y ese diez por cierto lo pagan como regalía una vez al año, a veces, si bien les va, en el mes de diciembre, o hasta enero o febrero.
Julio Cortázar, el escritor argentino, murió cabildeando para que las editoriales aumentaran el porcentaje del 10 por ciento a los escritores. De aquel boom latinoamericano (Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosas, Gabriel García Márquez, Alejandro Carpentier, etcétera), los únicos que lograron el milagro fueron García Márquez y Vargas Llosa, a quienes las editoriales les pagaron un porcentaje más amplio de comisión por libro vendido.
Y si a la anterior circunstancia se añade ahora la recesión con libros terminados y en lista acuciante de espera para ser editados, entonces, los escritores están viviendo el peor infierno de sus vidas.

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