Carl Sagan: Reflexiones del lanzamiento del Voyager, 5 septiembre 1977

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Agustín García Márquez
Miembro del Seminario
de Cultura Mexicana,
Corresponsalía en Orizaba

La sonda se encontraba muy lejos de casa, pensé que sería buena idea que justo después de Saturno hiciéramos que diera un último vistazo a casa desde Saturno, la Tierra aparecería demasiado pequeña como para que la Voyager I captara algún detalle.
La tierra aparecería solo como un simple punto de luz, solo un pixel difícilmente de distinguir de los otros puntos que la Voyager I vería: planetas cercanos, lejanos soles pero precisamente debido a la insignificancia revelada de nuestro mundo valdría la pena sacar una foto así; es bien sabido por los científicos y filósofos antiguos que la Tierra es un simple punto en la mitad del inmenso cosmos, pero nadie la había visto nunca así, esta era nuestra primera oportunidad, y tal vez la única en décadas, así que aquí está, un mosaico de cuadrados esparcidos sobre los planetas, con un puñado de lejanas estrellas en el fondo, debido al reflejo de la luz del sol sobre la sonda la Tierra parece estar sobre un haz de luz como si se tratase de un mundo con una especial significación, pero es solo un accidente geométrico y óptico.
En esta imagen, no hay señal alguna de seres humanos nada de nuestro trabajo sobre la superficie, ni de nuestras máquinas ni de nosotros mismos.
Desde este punto de vista, no hay evidencia de nuestra obsesión nacionalista, somos demasiado pequeños en la escala de los mundos, los seres humanos somos insignificantes, una fina capa de vida, en un oscuro y solitario trozo de roca y metal; consideremos nuevamente este punto. Esto que está aquí es nuestro hogar eso somos nosotros, en él están todos los que amamos, todo aquel que conocemos, todos de quienes has oído hablar y todo ser humano, quienes fueran que han vivido su vida el conjunto de nuestra alegría y sufrimiento; miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas; cada cazador y cada recolector, cada héroe y cada cobarde; cada creador y destructor de civilizaciones; cada rey y plebeyo; cada pareja de enamorados, cada madre y padre, niños con esperanza, inventores y exploradores; cada formador de moral; cada político corrupto; cada “superestrella”; cada “líder supremo”; cada santo y pecador de la historia de nuestra especie; vivió aquí en una mota de polvo, suspendida en un rayo de sol.
La tierra no es más que un pequeñísimo grano que forma parte de una vasta arena cósmica; piensa en los ríos de sangre, derramados por cientos de generales y emperadores, para conseguir, la gloria y ser los amos momentáneos de una fracción de un punto.
Piensa en las crueles visitas sin fin que los habitan Carl Sagan: Reflexiones del lanzamiento del Voyager, 5 septiembre 1977 tes de una esquina de este pixel, hiciera contra los ni siquiera distinguibles habitantes de alguna otra esquina; la frecuencia de sus malentendidos, la impaciencia por matarse unos a otros, la generación ferviente de odios. Nuestras posturas, nuestra presunción imaginada, la falsa ilusión que tenemos de tener un lugar privilegiado en el Universo, son desafiadas por este pálido punto de luz.
Nuestro planeta es una mota solitaria, en la inmensa oscuridad cósmica.
En toda esta inmensa oscuridad, en esta gran vastedad, no hay ningún indicio de que la ayuda vendría de otra parte, para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta el momento, capaz de albergar vida, no existe otro lugar, al menos en el futuro cercano al cual nuestra especie pueda migrar, ¿visitar? sí; ¿establecerse? aún no.
Nos guste o no, por el momento, la Tierra es el lugar en donde estamos, se ha dicho que la astronomía, es una experiencia constructora de carácter y humildad.
Quizá no exista mayor demostración, de la locura de la presunción humana, que esta distante imagen de nuestro diminuto mundo.
“Para mí, recalca nuestra responsabilidad de compartir más amablemente los unos con los otros, para preservar y cuidar ese puntito azul pálido; el único hogar que hemos conocido”.

Nota: cuando el Voyager I dejó Neptuno en el año de 1990 casi saliendo del sistema solar, Carl Sagan sugirió una última fotografía de la tierra; entonces el satélite giró y más de seis mil millones de kilómetros la humanidad pudo observarse a si misma en el punto azul.
Basado en Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space, libro de Carl Sagan de 1994.

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