¿Problemas en la Tercera República Centralista?

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¿Problemas en la Tercera República Centralista?

Agustín García Márquez

Cuando se revisa con cierto cuidado la información sobre el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, las consultas públicas para el Plan de Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, propuesto por primera vez por Hernán Cortés, no por casualidad, la intervención extranjera, bajo el nombre de inversión, en la producción cafetalera del centro de Veracruz, y otros desatinos de la llamada izquierda obradorista y su reflejo discurso, el morenismo, es entonces cuando la inquietud de que algo está muy mal en el proyecto de país, pero que ahora no existe la oportunidad de luchar desde la izquierda, pues se tiene la impresión de que el nuevo gobierno federal ha retomado las banderas contra las que antes se oponía.

En ese sentido fue que la aparición de la violencia durante una manifestación femenil para protestar contra el manejo judicial de una violación a una joven realizada por policías en la Ciudad de México, la primera respuesta de la nueva autoridad, fue la misma respuesta de siempre: “fue una provocación”, asumiendo su doble condición de gobernante y de víctima.

Lo más impresionante fue que se trata de una gobernadora del partido Morena, con una amplia experiencia en los nuevos movimientos sociales. Se suponía que la gobernadora si entendía el porqué de la movilización femenina, tanto en el nivel práctico como en la teoría de políticas públicas.

Cierto es que otros grupos políticos opositores a la nueva administración están aprovechando el tropiezo del gobierno federal y el de la Ciudad de México, pero hasta ahora han tenido poca importancia en el debate.

En el sector más enardecido y mayoritario, está la sensación de que la historia de lucha, de numerosos movimientos sociales, fue traicionada. Peor aún, se extiende la idea de que será necesario volver al principio, porque el triunfo en las urnas no representa a las mujeres, los indígenas, migrantes y otros grupos a los que el gobierno federal gusta de llamarlos “históricamente discriminados”.

El sentimiento es más fuerte, porque claramente comprenden los motivos de la indignación colectiva. El Plan Nacional de Desarrollo, por ejemplo, incluye uno de sus ejes generales el de la Gobernabilidad democrática, con el “Objetivo 1.1 Fortalecer la gobernabilidad democrática”, del cual se desprende la Estrategia “1.1.3 Fortalecer las instituciones, los mecanismos, los instrumentos y los medios alternativos de solución de controversias, a fin de dar solución temprana a conflictos entre particulares y con autoridades para proteger, entre otros derechos, la propiedad privada y colectiva, incluyendo los de propiedad de la tierra y propiedad intelectual, así como los derechos de los trabajadores, de los consumidores, de los contribuyentes, de los usuarios de servicios financieros, con especial atención a las mujeres y grupos históricamente discriminados”.

También aparece ahí esta joya discursa: “El feminicidio es la expresión más grave de la violencia contra las mujeres y solamente en 2018 se estima que ocurrieron 898 feminicidios”, y una impresionante ausencia: no hay una sola mención a las violaciones de mujeres. La palabra violación solo se utiliza cuando se habla de los derechos humanos.

Si acaso, va entre líneas el “Objetivo 1.3 Promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, individuales y colectivos” y su estrategia “1.3.2 Garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres, asegurando de manera integral el derecho a la igualdad sustantiva de las mismas, para lograr una vida libre de violencia, con énfasis en la erradicación de la violencia feminicida”.

Se podría decir, que por lo menos el feminicidio recibió algo de atención, pero tiene otro sentido cuando se escucha al secretario de Seguridad Pública de Veracruz, el 19 de agosto pasado: acusa a la Fiscalía General del Estado de Veracruz de falsear las cifras de feminicidios, asegurando que no han aumentado, y que la fiscalía está clasificando mal los homicidios dolosos en el caso de la mujeres. Claro, esa es la explicación de porqué el estado de Veracruz es el primero en el país en esta cifra.

Más claro aún es que la preocupación es la cifra estadística como indicador del fracaso de los gobiernos estatales y federales para ofrecer una vida sin violencia a las mujeres, la que proponían desde que estaban en campaña. Por eso el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública realizará una auditoria, para demostrar que están erróneamente clasificados que la autoridad solo tienen un problema de imagen; así lo confirma el cierre de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres violentadas.

La violencia generalmente ha sido la última instancia de los movimientos sociales. Cuando aparece es al final de un largo proceso en el que la autoridad no cumplió con sus responsabilidades. Ahora es más intenso el malestar social porque el esfuerzo colectivo para un cambio en las urnas no tuvo un buen resultado: para las mujeres no hubo un cambio.