Terror en los mercados

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El dinero no existe
Luis Pérez Lezama

Desde hace algunas columnas he venido escribiendo sobre el miedo, síntoma generalizado que presentan los mercados internacionales hoy día. He señalado como origen de este sentir, la incertidumbre generada por los confundidos liderazgos políticos a nivel mundial y como consecuencia la desaceleración del crecimiento en la mayoría de las naciones (aunque se defiendan cifras paupérrimas). A ello se han sumado fuertes caídas en las principales bolsas de valores como “tiro de gracia” sobre las disminuidas expectativas de mejoría. La semana que concluyó exploto este temor y se ha convertido en terror, por eso hoy quiero compartir con usted una radiografía amplía de lo que está ocurriendo para evitar que usted se quede sólo con pedacitos de la historia ya que es importante armar un diagnóstico completo para saber cómo actuar de frente a esta coyuntura mundial.
Vayamos de atrás hacia adelante: Tras la crisis financiera de 2008, que fue financiera y no económica; es decir, fue motivada por fallas en los flujos de inversión y no en agregados económicos, los bancos centrales iniciaron un período de expansión monetaria que buscaba recuperar la confianza en los mercados usando como “medicina” una reducción en los costos del dinero; en teoría, esto buscaba motivar la expansión del crecimiento, expansión que fue una llamada a misa ya que, “fue el que quiso ir”. Así 11 años después de la crisis, ha madurado lo que llamamos un ciclo “Juglar” (ciclo al que México no pudo o no supo integrarse y por eso ha crecido lo poco que ha crecido). Hay que precisar que los resultados fueron buenos pero no los mejores, sin embargo, lo que sí es meritorio es que países como Estados Unidos, China o India han crecido gracias al comercio exterior, a la apertura comercial, al libre comercio ¡Vaya! En economía es natural que haya ciclos más productivos que otros, lo que no es natural es la intervención de pensamientos nacionalistas que rompan el equilibrio del mercado como los que están presentándose por eso resulta extraño que justo cuando el ciclo está por concluir haya aparecido en escena la mal llamada “Guerra comercial” entre Trump y Xi Jinping que inició en la primavera de 2018.
La citada guerra comercial está extrañamente acelerando la muerte de este ciclo, ello se demuestra fielmente en los indicadores industriales de economías como la norteamericana, la china y la alemana que vienen cayendo durante este 2019, es obvio: En la medida que existe una menor certidumbre o menor certeza jurídica en el cumplimiento de los convenios comerciales, la actividad de intercambios comerciales se detiene ¿Quién quiere intercambiar mercancías si a medio contrato le suben los aranceles cambiando las reglas pactadas? Nadie. Ese es el tema central, la falta de seriedad en los acuerdos comerciales.
En consecuencia, los grandes inversionistas, los que generan los empleos y arriesgan su capital deciden buscar refugio temporal en instrumentos que ofrezcan la certeza que el comercio mundial no ofrece por eso estamos viendo al oro romper máximos históricos de 5 años rebasando los 1,500 dólares por onza, al mismo tiempo observamos que las monedas emergentes se vuelven más frágiles de lo normal pues sus estructuras económicas son endebles y si combinamos ese factor con el miedo aparecen casos como el de Argentina donde la vuelta a las políticas de izquierda y la recesión han depreciado al peso argentino fortaleciendo al dólar; mismo caso en México donde la falta de convencimiento de los mercados en el plan económico del gobierno federal han generado caída general de la inversión productiva fortaleciendo ante cualquier factor externo ¿A quién cree? Pues al dólar, así que a la desaceleración ya platicada ahora hay que sumar que estamos en medio de una “Guerra de divisas” porque China puede devaluar en cualquier momento su moneda con el fin de hacer más competitivas sus exportaciones. Del peso mexicano mejor ni hablar.
Preocupa que además del oro, el refugio de los inversionistas sean los bonos del Tesoro norteamericano que pagan rendimientos desde luego en dólares y preocupa más porque como el terror es la constante en los mercados todo el mundo esta buscando rendimientos de corto plazo y ello es un claro indicador de que no hay confianza en el futuro. Tanto en Estados Unidos como en México (por establecer un parámetro) las curvas de rendimientos en valores gubernamentales se encuentran invertidas, es decir, los premios son más altos en el corto que en el largo plazo lo que produce alimento muy nutritivo para el monstruo llamado recesión. El precio del petróleo es permanentemente bajo, al no haber crecimiento económico no habrá mejoría, los ingresos de los países exportadores como México se verán disminuidos, de hecho, es más probable que haya inversión en energías renovables que en combustibles fósiles. Menor exportación petrolera significa menor presupuesto para los estados lo que pudiera sumarse a una caída en el consumo privado dentro del sector servicios como consecuencia de menor empleo y por tanto menor ingreso.
¿Qué nos queda? Bueno, los bancos centrales están intentando hacer lo que pueden para volver a estimular la demanda otra vez con menores costos del dinero permitiendo que el ciclo comience de nuevo pero muchos países -como México- no puede iniciar un nuevo ciclo de alza porque ¡Nunca estuvieron en alza! Hemos vivido en la parte baja del ciclo y hoy que el Banco de México ha anunciado justamente que bajará la tasa de interés no tenemos más que “prender veladoras” para que la economía nacional crezca sin embargo la tormenta mundial es muy grande, nosotros somos muy pequeños y muy distraídos, seguimos discutiendo sobre política y venganza, menospreciamos la situación económica mundial y nos vamos a mojar, luego nos vamos a inundar y por último podemos quedar en medio de la tormenta justo como en una película de terror.
*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER Laboratorio de ideas. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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