Disciplina y puntualidad

Tere Gómez
Una mejor manera de vivir
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Manifestar valores de moral y de orden son la base para medir la calidad de las personas y además quien los proyecta se perfila como una persona de confianza, digna de recibir de oros las mejores oportunidades y en consecuencia, proclive a grandes logros en sus actividades y por lo tanto éxito en su carrera y proyectos de vida.
La disciplina y la puntualidad, con las que titulo esta columna, son primordiales para quien aspira a hacerse acreedor a estas posibilidades. Pero hay que considerar de inicio que esas virtudes deben implementarse al cien por ciento en uno mismo. No podemos pedir a los que dependen de nosotros formando nuestro entorno que las poseen, si cada uno de nosotros no ha puesto el ejemplo. “La enseñanza instruye, el ejemplo arrasa” Padres, maestros y patrones no podrán nunca cosechar los frutos de estas cualidades de quienes reciben sus órdenes, si ellos antes, no han demostrado claramente que forman parte de su forma de vida.
Por no mostrarnos capaces de ser disciplinados y puntuales, por lo general nos escudamos a que esos dos atributos no forman parte de nuestra idiosincrasia nacional y que el hábito de llegar tarde a todas partes y no tener tenacidad, sinónimo de disciplina, para realizar nuestros sueños es parte de una negativa herencia cultural “que nos ha etiquetado” como vencidos desde hace más de quinientos años, cuando comenzó el colonialismo posterior a la derrota de los aztecas en el siglo XVI. Pero no hay que olvidar que más poderoso que cualquier trauma histórico como el que nos marcó con ese suceso, son los atributos personales que todos poseemos de inteligencia, voluntad y conciencia que si nos decidimos a utilizar. Serán más poderosos que esa característica negativa que constituye uno de los más pesados lastres que a través de los siglos nos sigue arrastrando al fracaso.
La introspección es muy importante, volvamos la vista hacia nosotros y juzguemos fríamente nuestras actitudes para ver se formamos parte del reducido porcentaje de mexicanos que las posee o si por el contrario ser impuntual e inconstante lo enarbolamos entre las mayorías casi como un “orgullo nacional”.
Son tiempos de cambio si no es por “amor” debe ser por supervivencia, la competencia en todas las actividades productivas es hoy tan grande y despiadada que volverá a imponer la supremacía de los más aptos, quienes aunque tengan un sobresaliente talento en lo que saben hacer, no lograrán el triunfo apetecido sin disciplina y puntualidad.
Propongámonos romper con esos malos hábitos que se han vuelto costumbre, y veremos en muy poco tiempo el milagro que se realiza en nuestro alrededor si lo superamos en lo individual y de lograrlo, como con sobrada razón podremos exigirlo a quienes nos rodean comenzando por los más próximos y ampliando nuestro espacio de ejemplo y dominio a ondas concéntricas cada vez más amplias, mejorando de este modo nuestro entorno familiar, laboral, escolar, de comunidad y de esta forma, entre todos un mejor ambiente y progreso para nuestra querida ciudad de Tehuacán.

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