Juárez contra los conservadores

El 18 de julio de 1872 murió Benito Juárez García, un indio zapoteca que logró burlar las leyes de la discriminación y llegó a la Presidencia de México. Conocedor de los desprecios y ninguneos por ser indígena, cobrizo y pobre, Juárez demostró férrea voluntad y salió adelante en la vida y en política.
Juárez ha sido el único Presidente de la República que ha sido velado en Palacio Nacional. Ahí vivió, en un sencillo espacio acondicionado como alcoba del presidente. Nada de lujos, ni mayordomos, una simple mesa y una cama, sirvieron para que el presidente Juárez y su esposa Margarita Maza Parada de Juárez, vivieran en austeridad Republicana.
Juárez fue hombre de pensamiento liberal, entre sus libros selectos se han localizado obras de Voltaire, Diderot, Montesquieu, D‘ Alambert, pensadores liberales franceses que trabajaron en la llamada “Enciclopedia”, obra monumental que reunió los conocimientos de su época.
Juárez tuvo la mejor enseñanza de la vida, aprender de la pobreza. Trabajó de niño en el campo y en la ciudad, desempeñó actividades de mozo, escribiente, redactor, hasta en tanto se tituló de abogado. Juárez nunca quiso ser sacerdote, escogió la carrera de jurisprudencia para hacer defensa de los débiles y menos favorecidos. Su intención no era redimir el alma, sino ayudar en la defensa de los derechos de los pobres y miserables, abusados por la aristocracia criolla conservadora.
Los conservadores, hombres acaudalados, se hicieron ricos por medio del despojo de tierras a los campesinos e indígenas, por el saqueo que vía la usura, hicieron por préstamos en dinero con cobros altos de interés. Juárez no ambicionó la comodidad, que aun siendo sacerdote de bajo abolengo en pueblos y villas, ofrecía el cargo de capellán de parroquia. Juárez no ambicionó riquezas, fue congruente con sus ideas liberales (radicales en tiempos de conservadurismo), y trabajó para la República.
Integrado el grupo liberal, con Guillermo Prieto y Los hermanos Lerdo de Tejada entre los más prominentes, desarrollaron con claridad el proyecto que, después se llamó “El liberalismo mexicano”. Reyes Heroles, en sus tres tomos sobre el “Liberalismo Mexicano”, señala con claridad la importancia de esta corriente política de pensamiento del siglo XIX y sus antecedentes provenientes de Europa y los EEUU.
El pensamiento liberal rompió con la tradición conservadora y centralista de gobernar la República. Los liberales fueron, por decirlo de alguna forma, los hombres de izquierda de su tiempo. La visión política del grupo liberal, fue fortalecida con lecturas de textos socialistas y anarquistas, que traían de Europa y eran reimpresos primero en Oaxaca y después en la capital del país. En tanto los conservadores agrupados en torno al presidente Ignacio Conmofort, se vincularon con las altas jerarquías de la iglesia católica, con el fin de administrar la nación por un camino de desigualdad, injusticia y abusos de todo tipo.
Desde la firma de la independencia (1824), todo el siglo XIX se tuvieron constituciones centralistas, que negaban el derecho a los nacientes estados a intervenir en los asuntos importantes de sus regiones. Los gobiernos centralistas lo querían todo para ellos, impuestos, derechos y todo aquello que fuera privilegio para los conservadores millonarios de la capital. Los liberales se opusieron radicalmente a ello. Juárez siendo presidente de la Suprema Corte de Justicia, estuvo atento a las resoluciones, mirando siempre que las mismas no afectaran a comunidades indígenas, campesinas y pobres urbanos.
Juárez fue consecuente entre lo que pensaba, decía y hacía. No simuló austeridad en público, para amasar fortuna en privado, que es lo que se acostumbra en política. Nunca disfrazó sus intenciones, siempre estuvo combatiendo el pensamiento conservador, por ello fue maldecido y sus enemigos fueron muchos. Combatió conservadores de dentro y fuera del país. Nunca titubeó frente a la invasión francesa. No le hizo descortesías a Maximiliano, pero fijó su postura Republicana con claridad. No tenía nada personal contra él, pero combatía su intromisión a México.
Sin dinero para armas y municiones logró crédito con los EE.UU., ¿qué otra cosa podía hacer teniendo al país en quiebra? Juárez recorrió parte de la nación en su carruaje negro, escoltado por 12 soldados. En tiempos de la invasión francesa en su recorrido de Guadalajara al Paso Texas, Juárez vivió en posadas y mesones. Comía lo mismo que la gente del pueblo. Siempre llevó en la carreta los libros y actas constitucionales. Los documentos nacionales siempre viajaron con él. Era creyente pero no católico, porque se daba cuenta de los abusos cometidos por las iglesias al amparo de su investidura.
El historiador Lorenzo Meyer al referirse a Juárez ha dicho que fue hombre cabal, liberal y republicano. Los conservadores reaccionarios de la época juarista, fueron el equivalente a la derecha política de hoy. Su pensamiento estaba enfocado a hacer de la patria un gran negocio. La grandeza, decían los derechistas, se hace con dinero. El 18 de julio de 1872, murió Juárez. En su testamento no se encontraron propiedades en ninguna parte del mundo, ni siquiera en los estados del país. Una pequeña casa en Oaxaca, antigua y desolada y en la Ciudad de México ninguna. Su casa fue el Palacio Nacional. Ahí vivió el tiempo que fue presidente de México. Dos asistentes siempre lo acompañaron y su esposa Margarita, le cocinó en Palacio. Austeridad Republicana, salario bajo y ningún lujo personal. Juárez no fue afecto a comer en restaurantes de la capital, siempre, escriben sus biógrafos, lo hizo en su casa.
Un par de botas usadas y un par de zapatos negros, dos trajes nuevos y un traje de uso diario fueron lo que el inventario personal reportó a la intendencia de Palacio. Así como media docena de camisas blancas y tres moños negros, fueron parte de su atuendo personal. En sus “cartas para mis hijos” Juárez recomienda austeridad, pulcritud y honradez.
Juárez es reconocido en toda América Latina, en varios palacios de gobierno se conservan pinturas que lo recuerdan. Juárez fue ejemplo de servicio público. Nunca amasó fortunas al amparo de la tesorería nacional. Eso sí, fue inflexible en sus decisiones. Cuando ordenó fusilar a Maximiliano, Miramón y Mejía, aunque le imploró el Papa, los reyes de España, Francia y Austria, cumplió su palabra. Maximiliano (engañado o no por los conservadores) había venido a invadir México y no merecía más que la muerte, para ejemplo internacional. Napoleón III de Francia, pariente de Maximiliano quedó sorprendido al ver la firme sentencia. El “indio” Juárez, aquel “pata rajada”, cómo solían humillar los burgueses a los nativos, aquel indio oaxaqueño demostró dignidad y no sucumbió ante los imperialistas de España, Francia e Inglaterra.
El Historiador Daniel Cossio Villegas, fundador del Colegio de México (Colmex), institución de renombre en el país, al referirse a Juárez, siempre le reconoció valentía y honradez en tiempos de crisis nacional. Cómo Juárez no hay dos. El Benemérito de las Américas murió el 18 de julio de 1872, con dignidad y cerca del pueblo mexicano. ¿Cuántos funcionarios públicos podrán vivir con sueldos bajos y sin privilegios?, ¿cuántos dejarán de ver el servicio público como forma de hacerse del botín a costa de lo que sea? Es mi opinión, atentos lectores de Diario El Mundo. ¿Usted qué piensa?