Migrar no es un delito

Agencia

CdMx.- Dejar atrás sus hogares y arriesgar la vida en un viaje de miles de kilómetros se ha convertido en un común de vida para miles de personas en los países del triángulo norte de Centroamérica -Honduras, Guatemala y El Salvador-, que escapan de la violencia, la pobreza y la incapacidad de sus gobiernos para protegerles. Es una decisión de vida o muerte la que toman cada año miles de personas centroamericanas como las que ahora integran la “caravana de migrantes hondureñas”, afirmó Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.
Con o sin papeles para transitar fronteras, estos cientos de personas, incluidos niñas y niños, merecen un trato digno y el pleno respeto de sus derechos humanos. Este drama humano ha producido como primera reacción de los gobiernos de países de tránsito y destino, la de buscar retener a toda costa a estas personas o desplegar fuertes dispositivos policiales o militares para detener su paso, tratadas como si representaran una grave amenaza para la seguridad, afirma.
Guevara Rosas considera que en vez de tratarles como si fueran criminales, los Estados deben escucharlos y atender sus necesidades básicas de protección. Muchas de las personas que hoy integran la caravana pueden haber salido de su país huyendo de un grave peligro. Si buscan asilo, las autoridades tienen el deber ético y la obligación internacional de brindarles protección y debolverlos a sus países con respeto.