Emilio Maurer, ni bendito ni maldito

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Orizaba

Ni merecedor del infierno, por todo lo que se dijo que realizó en contra de las buenas costumbres, de las cuales ha carecido el fútbol mexicano profesional, ni tampoco llevando por delante el proceso de beatificación en vida, fue la vida pública dirigiendo al balompié rentado de Emilio Maurer.
Ostentando la vara de mando y el movimiento de los hilos de aquel presidente de la propia Federación Mexicana de Futbol, Francisco Ibarra, dentro de lo positivo quitó la exclusividad a Televisa de los partidos de la Selección Mexicana, por lo cual apareció en contra suya una tenaz y encarnizada cacería de brujas.
También entre lo positivo de Maurer, apareció la contratación, por deseo propio, del técnico argentino César Luis Menotti, para que manejara a nuestro máximo representativo, sumándose a la lista de víctimas de la cacería de brujas el propio mentor, que dotó a nuestra Selección de un valor que antes no aparecía, ni con la lampara de Diógenes.
Menotti finalmente renunciaría a su cargo, construido por Maurer e Ibarra, dentro de una consolidación de amistad y de estar unidos en las buenas y en las malas que nunca terminaría, pero la chamba sí.
Maurer, que a veces hablaba de más, tuvo su talón de Aquiles en aquella confesión realizada ante los propios medios comunicativos, que siempre tenía destinado una buena cantidad de dinero presto a repartir entre los reporteros de la fuente futbolera en el Distrito Federal.
Aparte de que en la propia ciudad de Puebla recibió acosos terribles, como aquella multa de 533 millones de pesos que nunca pagó, por exceso de cupo en el Estadio Cuauhtémoc, en diferentes partidos del Puebla, del cual fue dueño.
Televisa contraatacaría, hasta hacer desaparecer por siempre y para siempre de la propia Federación Mexicana de Futbol tamaño personaje, hombre querido por la afición poblana, él dotó de dos títulos de liga al Puebla, y odiado por el monopolio televisivo.