Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 10,34-38:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No piensen que he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
Palabra del Señor.

Germán Alpuche San Miguel
El Evangelio de Hoy
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La palabra de Jesús es más aguda que una espada y se mete en la vida de la ”familia“, y allí enfrenta a los padres y a los hijos, a la nuera y a la suegra. La frontera pasa siempre por donde es preciso decidir a favor o en contra de la voluntad de Dios.
Esta decisión puede traer como consecuencia la separación de otros, incluso de los más queridos. Es una separación que no puede significar que el discípulo de Jesús deba adoptar una actitud hostil o irreconciliable. Pero el discípulo debe contar con que mediante su decisión también puede causar la enemistad de sus propios parientes. Ésta es probablemente la experiencia más penosa en el seguimiento.
Estas palabras de Jesús tienen su cumplimiento en la vida de muchos jóvenes que al empezar a seguir a Jesús experimentan la burla de sus hermanos y la prohibición de los padres. Para muchos de ellos es más fácil alcanzar el consentimiento para ir a una discoteca pero qué difícil es alcanzar el consentimiento para ir a una reunión religiosa, se les apoya cuando llevan una vida sexualmente desordenada o irresponsable pero se les ataca cuando alguno decide ingresar a un seminario o a un convento.
En la persecución y el rechazo por Jesús es donde se ve la calidad y autenticidad de la fe de un cristiano. Las palabras de Jesús siempre se cumplen en los cristianos ¿y en tu vida?.

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