Clásico nació en un partidazo

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Córdoba

Eran tan importantes y claves en el futbol mexicano rentado, sobre todo en los años sesentas, las celebraciones de los cotejos del campeón de campeones, pero ojo mucho ojo, jugado en México, en esa cancha de CU que escribió historias apasionantes, e inclusive marcó los iniciales capítulos de la inmensa rivalidad entre los equipos América y Guadalajara, cuando pintó la raya de guerra Guillermo El Tigre Sepúlveda, a raíz de su expulsión por decisión de aquel árbitro entre azul y buenas noches, Rafael Valenzuela, que lo botó del terreno de juego dentro de aquel partido por la doble corona verificado el 14 de marzo de 1965.
Declarando una guerra que nunca terminará en la Liga MX, el que fuera zaguero central del Guadalajara, en el momento mismo en que ya expulsado, paso por donde se encontraba la banca de los americanistas, botando la casaca rojiablanca y gritando como si fuese un tenor de la Scala de Milán, –con esa tienen para que tengan miedo,hijos de su…–.
Si Fernando Marcos había iluminado lo que iban a ser las guerras entre Guadalajara y América, inventando un número telefónico con el marcador de dos por cero que siempre aparecía con su América triunfal en la Perla de Occidente, el Tigre lanzó la primera bomba, en ese tiempo atómica.
Guadalajara conquistó su campeón de campeones más dramático en aquella ocasión, cuando terminó el partido con nueve elementos, ya que también Héctor Hernández fue expulsado, mientras que por el América tomó el estropajo antes de tiempo Toño Jasso.
Guadalajara con los goles de Isidoro Diaz y Paco Jara vencería, mientras que por el América marcó el del honor Gonzalo Javier Fragoso. La guerra era real y el campeón de campeones también y fue para las Chivas.