Veracruz: donde realidad mata sentido común

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Agustín García Márquéz

Acá la banda tira rostro, manda el barrio y gira el trompo. Son los 400 pueblos. Bueno, tal vez les faltaron algunos, pero los que vienen están enjundiosos. El nuevo cliente es el de siempre; en el fondo el yunismo azul al que vislumbran entre las sombras, ahí donde no le pega el sol, en la Fiscalía General del Estado.
Allá en la Xalapa, donde se gobierna con sentido común, a la conclusión se le llega fácil. Seguro es en la Secretaría General de Gobierno, o en la propia oficina del gobernador, donde despachan los alegres anfitriones de los 400 pueblos. ¡Ah qué muchachos tan bromistas! Pero a quién se le ocurre traer a uno de los últimos rescoldos de la revolución institucionalizada; nada más de pensarlo se me hace que el sentido común ya se le fue al monte con todo y mecate.
Si a cual más le pega con la añoranza. Cuando el Demonio azul no está los 400 pueblos bailan, dice la conseja popular, de sentido común pues. Y al rato el respetable va a pedir que regrese. ¿Qué no ven que entre lo poco que mereció el distinguido aplauso de la concurrencia fue el desarme que el Innombrable III hizo con el mitote y areito que se cargan los 400?
Uy, creo que ya se me regresó el sentido común; sólo andaba acá cerquita: me dice que la música y el contoneo no atraen el turismo en vacaciones, pero convocan al recuerdo, propaganda de la buena para el que se fue. Sí, ya caigo, en el Palacio de Gobierno hay traidores que conspiran para promover electoralmente al yunismo azul. Pero no le hace, al cabo que tienen razón: sí es bien fácil encontrar la verdad a puro golpe de sentido común. Nada más que ahora ya hay tanta demanda que está empezando a escasear.
¿Y ahora qué hace el sentido común gobernando un estado tan complejo como Veracruz? Bueno, resulta que, durante el debate sobre el mando civil o militar de la Guardia Nacional, el presidente de la Tercera República Centralista instruyó a sus discípulos el 14 de febrero a que: “ya basta de la simulación, de estar nada más haciendo análisis de la realidad sin transformarla. Puro experto, puro diagnóstico, contratación de asesores, pero no se hace nada por cambiar las cosas”.
De entrada, parecía una reivindicación del legado de Karl Marx, con la célebre onceava Tesis sobre Feuerbach de 1845: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Sin embargo, antes de que se le hiciera su inevitable meme, se delató como un escéptico posmoderno.
Durante un mitin del Programa Integral para el Bienestar, en Ecatepec, Estado de México, el 25 de junio declaró que: “no crean que tiene mucha ciencia gobernar, eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar, no es tan apegado a la realidad. La política tiene más que ver con el sentido común, que es el menos común, eso sí, de todos los sentidos. La política tiene que ver más con el juicio práctico”.
Y es que, desde el propio marxismo, el mismísimo Enrique de la Garza, en su libro Metodología configuracionista para la investigación, señala nítidamente esta forma de pensamiento: en el “relativismo ya no había fundamentos, por lo tanto, el conocimiento científico quedaba con un estatus semejante al del conocimiento ordinario. Este era el camino que conduciría al escepticismo posmoderno”. Sí camaradas, sorpresas que da la vida.
No es que en el pasado la investigación de los hechos sociales haya contribuido a resolver los grandes problemas, pues generalmente los políticos hacen a un lado los informes científicos que contradicen sus intuiciones, “punzadas”, como ellos le dicen. No es por ahí, pero sin diagnósticos con rigurosos métodos, la toma de decisiones tiene menos posibilidades de resolver problemas. Para que vean cómo les va con su política posmoderna, a nadie se le ocurrió el escenario en que la protesta de los 400 pueblos en Xalapa se volvería en contra de sus tutores. Y les salió barata su gansada.
Va otro ejemplo, para ver si ya le bajan a su posmoderno relativismo: el miércoles 3 de julio, en Ciudad Mendoza el director general de la Coordinación Interinstitucional y Enlace con las Entidades Federativas de la Coordinación Nacional Antisecuestro, admitió que al evitar el robo de gasolina los huachicoleros se volvieron secuestradores para financiarse.
También se dio a conocer que el Auntamiento de Camerino Z. Mendoza registró 55 secuestros, de los que la Fiscalía General de Veracruz sólo tenía seis denuncias; es decir, el 10.9 por ciento, datos duros que aplicándolos al registro oficial de 28 raptos en 10 municipios de la región de Orizaba nos da el cálculo más real de unos 305 secuestros. Funesto resultado de la empírica lucha contra el huachicoleo.
Obvio mi ganso, la banda perreó la chuleta; por ahí que te falló el sentido común. Apréndetelo: en Veracruz, la realidad se levanta tu “juicio práctico” y te lo deja por ahí, repartido en unas bolsas negras. En Veracruz realidad mata sentido común.

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