Cuando se enfermaban los políticos

Oscar R. Cabrera Solis

Sucedía en un lugar, cuando el otrora invencible PRI y los llamados partidos políticos satélites, PPS, PARM, PDM, a reserva del PAN de aquella época, donde se gobernaba con la voz de un solo mandato; esa voz que mantenía tranquilidad, prestancia al reclamo social. Corrían los años 50, 60, 70s.
Un mandato que se respetaba, que ejercía la gobernanza que era temida por quienes causaban desorden social, falta de respeto a la familia y a la sociedad.
Había una línea que seguir, una lealtad que demostrar y sobre todo fervor nacional; aprender y ejercer el significado de los valores cívicos y morales ante todos los hombres y mujeres de todas las clases sociales.
Poca era la información que se tenía dada la precariedad de los medios de comunicación, solo por lo que mencionaba la autoridad, sobre las penalidades que se ejercían por faltas a la urbanidad y buen comportamiento dentro de la comunidad.
¡Sí! la educación era completamente precaria, solo existía la educación primaria, a la cual no todos tenían el privilegio de asistir, pero ese no era pretexto para un mal comportamiento.
Mucho tenía que ver la religión en la educación, principalmente la veneración y culto, sin inmiscuirse en los mandatos de la autoridad. Había respeto mutuo. La autoridad municipal, era electa por decisión de los principales de la comunidad, avalada por la Autoridad estatal, quien decidía su nombramiento en una justa electoral completamente dirigida, simulando una democracia. El ejercicio del poder, era honorario de todos y cada uno de los ediles, los recursos los destinaba el centralismo estatal para obras y servicios. Los diputados los gestionaban.
El comportamiento del poder municipal, tenía la rectoría gubernamental para el buen ejercicio y aplicación de los recursos que se les entregaban. Había un orden y honradez en el ejercicio del poder.
Lo más notable, cuando un edil malversaba los erarios o no ejercía gobernabilidad ciudadana, había una sola razón para destituirlo del cargo: No había cabildazo, no había causas de falta a los derechos humanos, no había Órgano Superior de vigilancia. Solo había una línea que decía: “Si el Cabildo no lo puede quitar, el Congreso no puede desaparecer los poderes municipales” “Entonces que se enfermen. Vean cuál síntoma es el mejor”.
Al otro día, nuevo edil estaba en la silla municipal. Recuerdos habemos. !Solo eso!

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