Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,17-19:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.
Palabra del Señor.

Germán Alpuche San Miguel
Hoy en el Evangelio
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Muchas veces nos confundimos ante las diferentes manifestaciones religiosas y reducimos nuestra fe a determinadas prácticas o creencias, algunas buenas otras no tanto. Jesús con su vida nos orienta cómo debe ser el auténtico culto a Dios, no trae nuevas prácticas religiosas, sino que subrayará que la esencia de la fe está en la Ley (5 primeros libros del Antiguo Testamento) y los Profetas (los restantes libros del Antiguo Testamento).
La esencia de la Ley y los Profetas, que es la esencia de la fe cristiana, está en amar a Dios sobre todas las cosas y al Prójimo como a uno mismo. Esto es la esencia de la fe que Jesús concretizará amando a Dios su Padre hasta el extremo de que en cumplimiento de su voluntad, entrar en la pasión y muerte para redimir al género humano de la condenación eterna. Jesús lleva a su máxima expresión el mandamiento de amor a Dios, hasta el sacrificio de su vida por amor. El cristiano está llamado a hacer lo mismo, vivir en la voluntad de Dios aunque ello implique el sacrificio de perder dinero, tiempo de descanso, comodidad.
El amor a Dios siempre se ha de reflejar en el amor al prójimo, amor hacia aquel que no es como nos gustaría, que la convivencia con el muchas veces nos lastima o nos incomoda; nuestra vida es una misión como la de Jesús en la que con nuestros actos cotidianos manifestamos nuestro amor a Dios, Padre y Creador, y en él nuestro amor a quienes nos rodean, porque en ellos subyace el rostro de Cristo. He aquí la grandeza del Reino de los Cielos.

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