¿Qué hay al final del arcoiris?

Es diciembre, 1968, y la legendaria Judy Garland se prepara para un nuevo “retorno” (luego de meses de rehabilitación por drogas y auto-estima deterioradas). Se aloja en hotel londinense con su recién adquirido novio al lado, luchando contra un tornado de drogas y alcohol que empezaron a administrarle desde muy joven, cuando era exclusiva de la Metro Goldwyn Mayer: pastillas para alertarla, luego para poder dormir, para forzar la dieta por su tendencia a engordar; y eso sin contar batallas personales debidas a su desafortunada propensión a elegir al hombre incorrecto (dos de sus maridos, homosexuales, incluyendo el papá de Lisa Minnelli, bisexual).
Judy debe probarse a sí misma, y al mundo, que aún es el talento mayor de su generación, y ha firmado una serie de conciertos en el famoso “Talk of the town”, para reclamar esa corona.
Judy, la película, es adaptación de la pieza nominado al Olivier londinense y al Tony de Broadway “End of the rainbow”, de Peter Quilter, quien comenta que el guionista Tom Edge “deseaba una historia mucho más verídica y precisa”, con menos “elementos de fantasía” que la obra.
(Tuve la fortuna de ver la obra en 2012 en Broadway, en interpretación impresionante de la inglesa Tracie Bennett, muy joven y rubia, que usa su propia voz para impersonalizar a la formidable Garland, aunque el Tony se lo arrebató Nina Arianda por su notable “Venus de las pieles”).
PARTE DE LO interesante de este film es que lo interpreta Renée Zellweger, ¿la recuerda?. Tras enamorarnos “desde el ´hola´” en su dulce y determinada joven madre soltera que cree con firmeza en el manejador de deportistas Jerry Mcguire (Tom Cruise), y luego deleitarnos como la mesera que se enamora de un actor de la tele (Gregg Kinnear en La Enfermera Betty) cruzando esa línea indeleble entre realidad y ficción, gana el Oscar como la pionera de Más Allá de la Montaña Fría y vuelve a ser nominada como la definitiva Roxy Hart en el musical Chicago (sin haber cantado antes nunca); pero que de repente y luego de otros roles que la definen, como la deliciosamente inglesita rolliza Bridget Jones (que vuelve a nominarla al Oscar) para desaparecer, literalmente, en una serie de roles de resultado desastroso y un cambio de “look” que se vuelve chiste nacional… inmerecido para esta mujer llena de talentos que vuelve a poner a prueba en un rol jugoso que luce a su medida (con apenas 9 cms de estatura más de los 1:51mts de la real Judy).
Este “final del arcoiris” que por supuesto se relaciona con la famosa canción que hizo estrella a miss Garland en el film El Mago de Oz (1939), y que deja claro que tras la “olla de oro” que se supone existe al extremo no hay más que dolor y tristeza, me recordó la serie mini en que Judy es encarnada por la gran australiana Judy Davis en su madurez y Tammy Blanchard, perfecta como la Judy oziana de adolescencia, que en 2001 mereció preseas y elogios internacionales.
Sin fecha aún de exhibición, que podría irse hasta 2020, Judy es ya para este cronista una pieza de cine obligatoria, y si amas el medio o amaste a la maravillosa, única y definitivamente la cantante más grande de su era. (Liza Minnelli declaró públicamente hace poco “nunca haber hablado o entrevistado con Renée” e hizo claro el “no aprobar ni desaprobar –el proyecto– de manera alguna.”)
Judy (n. junio 10, 1922 en Gran Rapids, Minnesota, como Francis Ethel Gumm) fallece poco menos de un año después de su intento, glorioso, de ratificar su estatus como “la mejor” de su generación (+ junio 22, 1969, a los 47 en Chelsea, Londres), pero creemos que Judy, la película, revitalizará la carrera en picada de miss Zellweger, que merece más que los guiones debiluchos y producciones mediocres que rebajaron su estatus como la estrella de cine amamos, y que mereció ser desde “el hola.”

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