Cultura remedio contra la depresión

Guadalupe Martínez Galindo
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La Ley no escrita de causa y efecto, se manifiesta más claramente como resultado de nuestros malos hábitos que agreden al medio ambiente que nos rodea. Resulta impredecible tener como antes perfectamente establecida la temporada e intensidad de las lluvias, que siempre eran una bendición para nuestros campos favoreciendo las buenas cosechas y tranquilidad en que tendríamos en tiempo y forma alimentos abundantes y baratos. Las recomendaciones de los ambientalistas no fueron atendidas y hoy a nivel mundial hay más desastres naturales que producen dolor, muerte y cuantiosas pérdidas materiales en bienes y cosechas que no podrán recogerse por falta o exceso de precipitaciones con la consecuente desilusión de los campesinos que pierden en unas horas el trabajo arduo de meses y su fe en poder sobrevivir con el rendimiento de sus cultivos, lo que alienta su deserción de se actividad en la producción de alimentos primarios y su emigración a las grandes ciudades o al extranjero en busca de lo indispensable para el sustento propio y de sus familias.
Nunca es tarde para desandar el camino si la intención es buena y la decisión firme. Con el mismo cuidado que tenemos para nuestra casa, cuidemos nuestra mundo, nuestro país y nuestra ciudad en donde en los últimos días hemos tenido precipitaciones abundantes que como es habitual convierten nuestras avenidas en ríos, estamos acostumbrados a que después de un rato todo vuelva a la normalidad por el excelente declive de nuestra zona urbana, pero si como hasta ahora seguimos produciendo cada día más basura, no reciclándola y tirando parte de ella en la vía pública, las coladeras del drenaje fluvial se taponarán y el agua de lluvias abundantes s meterá en los hogares produciendo inconvenientes múltiples
Es mucho lo que a nivel individual podemos hacer, ante todo el producir menos basura es básico, cambiando nuestros hábitos de consumo y favoreciendo la compra de alimentos orgánicos naturales en vez de procesados en estorbosas envolturas que a veces cuestan más a nuestros bolsillos que el producto que contienen y cuyo destino final es convertirse en basura sin mayor utilidad incrementando el volumen de residuos sólidos que no sólo deben recoger los camiones de limpia sino buscar donde depositarlos y ver que produzcan el menor riesgo ambiental posible y la no la proliferación de fauna nociva como ratas y moscas.
Tomemos La firme decisión de reconciliarnos con nuestros bolsillos, para muestra un botón, 4 botellas grandes de jugo o gaseosa con un dudoso valor nutricional, conservadores y colorantes que está comprobado que dañan a la salud , cuesta actualmente lo mismo que una caja de treinta kilos de mango manila en nuestros mercados, suficiente para alimentar en el renglón de frutas a una familia durante dos semanas y los huesos y cáscaras que se desechan de ellos, son abono natural para los suelos. Y como ese ejemplo podríamos citar varios.
Toca principalmente a las madres de familia buscar soluciones que favorezcan que la naturaleza vuelva a su equilibrio, sin desalentarse porque se piense que “una golondrina no hace verano” ningún aporte por pequeño que sea deja de ser importante porque haremos que el buen ejemplo se vuelva hábito y después una sana costumbre que por lo menos no deteriore más el medio ambiente y nos traiga como consecuencia escasez de alimentos, carestía, dolor y muerte, porque la naturaleza responde a las agresiones y es más fuerte que todos nosotros juntos. El momento del cambio no puede postergarse más, nuestra ciudad lo merece y las nuevas generaciones nos lo exigen.

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