Tierra, amor y muerte

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Ya había atraído mi atención desde la bellísima ciudad de Cuenca, patrimonio de la Humanidad, en el centro-sur de la región interandina de Ecuador cuando, antes de inaugurar los trabajos del III Encuentro de Escritores en Gira, motivo por el cual yo me encontraba ahí, se organizó una junta de emergencia para aclarar quién pagaría el hospedaje de los veintidós compañeros de varias disciplinas artísticas que éramos. Bajo la amplia ala de su sombrero, cuyo frente miraba hacia abajo y su parte posterior, se levantaba, Víctor Hugo, grácil, de barba rojiza (los colonizadores que llegaron a tierras cajamarquinas, al Norte del Perú, procedían del Norte de Europa, -me dijo después-), suele mirar directamente a los ojos y logra atraer la atención del sexo femenino principalmente, pero también de los hombres pues es servicial y encantador al mismo tiempo. En Ecuador, los sombreros son un atuendo insoslayable. Hombre y mujeres los usan y hay de diferentes tamaños, materiales y formas. Flexibles y rígidos. Pero Víctor Hugo Becerra, no era ecuatoriano, él había acudido desde el Perú a la gira y se movía dentro del círculo que habíamos formado, con una gracia de felino y robó definitivamente mi atención cuando lo vi bailar una marinera -que es un baile típico del Perú- con una paisana de él que también asistía a la Gira: Marita Palomino. Los lances, vueltas, giros, agitaciones del sombrero, el poncho remangado sobre el pecho, la soltura y la gracia de la pareja, resultaron memorables.
Cuando llegamos a la ciudad de Loja, le hice comentarios sobre el hermoso poncho que, en esas tierras frías, usaba casi todo el tiempo. Me dio una cátedra sobre esta prenda de vestir y cómo los hay de lana para las tierras frías y de lino para la costa. El de él, era de mediano espesor, negro con delgadas listas blancas. Es fascinante cómo se lo cruzan sobre el hombro de tal manera que el pecho queda adornado como con un cortinaje. Se deshizo en explicaciones y fue cuando supe de su novela. Me prometió leerme unos pasajes de la misma en donde, efectivamente, se habla del poncho. Un escritor peruano ¡me regalaba parte de su tiempo libre leyéndome parte de su magnífica obra de manera personal!
Su obra, “Tierra, amor y muerte” consta de 289 páginas de lectura amena y sorprendente y está ambientada a mediados del siglo XX, por lo que la historia de la lucha por la posesión de la tierra se desarrolla en un ambiente donde la diferencia de clases sociales estaba muy acentuada. En este medio, ya de por sí complicado, se relata la historia de una bella mujer que es desafortunada en el amor pero, como lo dice el dicho, “afortunada en el juego”, es decir, el juego, la fortuna, la riqueza, los sabe mantener de su lado cueste lo que cueste (en esto coinciden tanto la heroína como el villano, el viejo Marcos Tirabanti, pues ambos son hacendados y siempre quieren lo que quieren a cualquier costo). La vida de Emilia Quiroga transcurre en la provincia de Cutervo, al norte del Perú, en el departamento de Cajamarca, a 2637 msnm en la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes. Uno de los desenlaces se produce en el momento en el que Juan Velasco Alvarado da un golpe de estado, en octubre de 1968 y esa situación, que ubica en el tiempo a la novela, tiene su influencia en la trama, y, como una bola de billar, impacta la vida de Emilia.
Más de una vez detuve la lectura para imaginar cómo, un escritor que no ha llegado a los cincuenta años, puede conocer tanto sobre el alma, sobre las artes amatorias, sobre los pensamientos y sentires ya sean de una dama rica, como los de un campesino pobre, de un hacendado prepotente, de un migrante a la intrincada selva en busca de un trabajo en los sembradíos y beneficios de la coca, de un brujo, de un abogado, de un juez, de un bandido, de un viejo consejero, de un coronel. La gama de personajes que en este libro se refleja, es muy amplia y siempre de una manera tan atinada, tan certera, que causa admiración y nos abre un panorama de lugares que son semejantes a los nuestros, historias de amor tan iguales y tan distintas, que nos da un excelente sabor de boca conocerlas.
Si todo marcha bien, esta novela pronto estará disponible en nuestro país y, tal vez, en nuestra ciudad. Enviamos un saludo a Víctor Hugo Becerra Heredia hasta la ciudad de Lima, en donde radica actualmente.

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