Lectura crítica y ciudadanos rebeldes

Ojalá la Feria del Libro en Orizaba no solo sea un escaparate del mercantilismo. Que todos entendamos que el ejercicio de leer, aparte de ser un goce al entendimiento y un relajamiento a los sentidos, es un trabajo intelectual. Trabajo que nos debe llevar más allá de tener una mediana cultura libresca, nos debe impulsar a cambiar nuestra forma de pensar y por tanto de existir.
Leer nos hace ser ciudadanos autónomos, independientes y reflexivos. No somos lo mismo antes, que después de leer un libro completo. Por desgracia la escuela mexicana e incluso las universidades, han caído en la desvaloración de la lectura (de libros), al solapar las fotocopias, solamente de algún capítulo, que el docente, en su muy particular punto de vista, considera necesario. Este vicio, como otros, ha hecho, que los estudiantes sean solo coleccionistas de un montón de copias, sin ningún interés por sus autores, editoriales, esfuerzos de investigación e impacto comunitario.
Lo hemos escrito en otros artículos publicados en Diario El Mundo, el interés por la lectura empieza en casa. A muchos de nosotros, cuando éramos niños en proceso de adolescencia, nuestros padres nos compraban algunos materiales de lectura, base (hoy lo entendemos así), para adquirir interés en los libros, tanto de texto como de temas diversos. Antiguamente en Orizaba, se podrían adquirir en los estanquillos de la esquina, folletones de Editorial Novaro, que publicaban temas condensados de libros clásicos para niños y jóvenes. Temas que venían ilustrados y facilitaban el interés por ellos. Recuerdo títulos cómo “La isla del Tesoro”, “El Conde de Montecristo”, “De la Tierra a la Luna”, “Cinco Semanas en Globo”, “El Mar de los Cárpatos”, que llamaban la atención y leímos en voz alta en familia.
Hubo una época, en la década de los años noventa, que se adquirían en los puestos de periódicos, libros de la editorial Planeta – Agostini (importados de España), a quince pesos cada uno, había colecciones semanales de literatura, historia, filosofía, ciencia, con ellos se formaba la colección personal. ¡Qué tiempos aquellos!
Ahora, en el gobierno de López Obrador, hay un programa que coordina la Dra. Beatriz Muller (doctora en letras y lingüista de profesión, su esposa), que tiene un catálogo de 100 títulos por editar a 10 pesos libro. La parte operativa recae en Paco Ignacio Taibo II, siendo, pensamos, garantía de éxito.
Decíamos, que con la entrada a la educación superior, los profesores daban una larga lista de textos de obligatoria lectura para el semestre, al final hacían explicar algunos de ellos (por sorteo), por lo menos así era la enseñanza de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde luego nos daban clase, pero todo el curso giraba en torno a una veintena de libros, muchos de ellos, no daba tiempo de terminarlos.
No cabe duda, la lectura crítica y reflexiva ayuda mucho a tener juicios de valor. Ayuda a aprender a escribir, a exponer las ideas frente a grupos y sobre todo tiende a la “humanización” de la vida en comunidad, nos hace menos “rústicos” para la vida. Las ferias de libros siempre serán bienvenidas en todo el mundo. Ojalá no fueran sólo de 10 días como la de Orizaba. Que fueran por lo menos igual al tiempo que dura la feria Expori.
Las ferias motivan la lectura y la formación de los talleres para la creación de escritores, talleres que no tenemos en Orizaba, ya que carecemos de la “Casa de la Cultura de la Ciudad”. Nos hace falta la Casa de Cultura en la ciudad, también un sistema de librerías municipales que promuevan la lectura y venta de libros todo el año y no sólo los 10 días que dura la feria. En esto hay que insistir una y otra vez, para que la feria no se realice como mero trámite burocrático municipal. Urgen las librerías municipales en el centro y colonias de Orizaba. Un “Pueblo Mágico” no puede sobrevivir sólo de la magia (abstracta), también de la lectura, escritura, matemáticas, historia, geografía, civismo, ética, y otras materias necesarias para el “Buen Vivir”.
Argentina y Chile nos superan en lectura. Argentinos y chilenos al igual que los uruguayos, son los vecinos de América que más lecturas hacen al mes y al año, en su vida. Leen en todo momento, en el tren de pasajeros, autobuses, parques, colegios, universidades, plazas y cafés de sus ciudades. La gente va en tranvía (me cuentan), leyendo el periódico de la mañana, secciones de política, crucigramas, cultura, deportes, pero va leyendo, aunque no les haya dado tiempo de cepillarse el cabello, o lleven la gabardina a medio poner. La lectura se ha vuelto un hábito, un placer, una enseñanza para pensar, reflexionar, exigir derechos a los gobernantes. Argentina, Chile y Uruguay tienen los mejores sistemas educativos de América latina. En esos países, al igual que en Bolivia y Brasil, no existe la llamada “educación de calidad”, (la palabra calidad en materia educativa es discriminatoria), para que no nos engañen en el municipio.
La lectura sirve, también, para exigir respeto a derechos humanos, para que no nos den garrotazos las policías, los agentes de Tránsito, los inspectores municipales. Para eso también sirve la lectura y… la escritura mucho más.
México necesita de la lectura para entender los grandes cambios que vivimos en la actualidad. En Orizaba hemos tenido un estancamiento en el pensamiento reflexivo. Nunca en el municipio hemos vivido una “IV Transformación Municipal”, quien diga lo contrario, miente. En Orizaba sólo hemos tenido “remozamiento” de calles y fachadas, pero no una “Transformación” cultural (mentalidad), educativa (formativa), política (negociación y no imposición), de gobierno y gestión pública (simplificación de burocracia, sueldos y gastos).
La cultura crítica y alternativa del “Arte de Leer” es otra cosa. La lectura de libros de las grandes corrientes de filosofía, literatura, historia, ciencia, arte, forman criterios independientes frente a los aparatos de poder (autoritarios), que buscan someter a mujeres y hombres a sus mandatos (reglamentos). Los escritores locales, provincianos, los periodistas, literatos de café deben hacer acto de presencia en la feria del libro, como autores independientes del poder establecido en el municipio… ¡Y decir su palabra!
Los jóvenes poetas y aprendices de escritores que se reúnen los fines de semana en el típico “Café los Tejados”, deben elevar sus propuestas y protestas literarias para qué las conozca la comunidad. Ojalá Diario El Mundo cubra los eventos haciendo su reseña crítica, como la sabe hacer. Hace tiempo, en el antiguo café del hotel “De France” (muy cerca de Diario El Mundo), nos reuníamos un grupo de jóvenes ilusos, que intercambiábamos libros viejos, revistas y folletines universitarios. El pretexto era tomarnos el café de las seis, pero en el fondo fue (es) el gusto por la lectura, la escritura, la enseñanza y la investigación. Criticábamos la revista “Siempre” de Pagés Llergo, al PRI y al PAN por sus políticas de dominación al trabajador y ciudadanos, a las iglesias por su conservadurismo y preservación del “status quo” que les ha dado abundantes ganancias. Leíamos en grupo, la “Revista de la Universidad” (UNAM; 1980-90). En fin, en los años noventa, en Orizaba, se podía ser crítico, ahora quien quiere hacerlo lo reprimen (no le publican, no lo editan, le cancelan contratos de trabajo). Por ello mismo, son importantes las ferias de libros. Deben ser para romper con el tradicionalismo, el costumbrismo y la derechización de la ciudad.
Ojalá la gente que se dice de “izquierda” lea libros y sea más humana y menos patrimonialista. Que la lectura crítica la distinga de los oportunismos en la política y otros oficios. Ser de izquierda es una responsabilidad personal y comunal.
Quien no lee sólo mira la vida en una dimensión. Tiene únicamente visión de “túnel”, pierde la pluralidad de la vida. Leer y exigir derechos en el municipio, es un binomio por conjugar. Les recomiendo (si me lo permiten), los libros “Ensayo sobre la Ceguera” y “Ensayo sobre la Luminosidad” de José Saramago (Taurus; 1985), y compárenlos con lo que pasa en Orizaba. Grandes enseñanzas de este escritor muerto en Lisboa.
Orizaba necesita ciudadanos exigentes y críticos frente a los poderes establecidos y los monopolios mercantiles. La ciudad necesita humanizarse y no comercializarse. La lectura de libros de Carlos Marx, David Harvey, Carlos Fuentes, Teotonio Dos Santos, Federico Arreola, Poniatoska, Sergio Pitol, John Holloway, Carlos Montemayor, Simone de Bauviere, Silvia Federicci, Juan Rulfo, ayudarán mucho a comprender este caótico mundo que nos tocó vivir aquí en Orizaba… Aunque los libros, hoy están con precio elevado, no hay que dejar de leerlos… Urgen las librerías municipales de bajo costo aquí en Orizaba. Necesitamos gobiernos menos autoritarios y represivos y más sensibles a la vida…
Saludos atentos a todos ustedes lectores de Diario El Mundo… ¡Nos vemos en la feria!

*Politólogo (UNAM.BUAP).
Catedrático. Investigador
Universitario.