Lectura del santo Evangelio según san Juan 12:44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.
Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel,
del Oratorio de San Felipe Neri.
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Las palabras de Jesús no son como las palabras humanas las cuales se limitan a enviar un mensaje, la palabra de Jesús posee una fuerza en sí misma capaz de realizar en la persona lo que ella dice. De tal manera que en aquel que oye la palabra se empieza a gestar en su interior una nueva vida, una nueva manera de sentir y actuar la propia existencia ya sea con la familia como consigo mismo.
Esta palabra tiene poder para hacer que en el interior del hombre se de la paz, el perdonar las ofensas y la sabiduría que viene de Dios que ilumina todas las acciones del hombre.
Es por ello que Jesús afirma que quien lo rechaza la misma palabra lo condena, es decir, no se puede dar en esta persona la salvación pues no permite que Dios actúe en él por su incredulidad. El escuchar y meditar la Palabra de Dios es para los cristianos una necesidad del espíritu para acoger la nueva vida que ofrece el Señor.
Permite que la Palabra de Dios resuene en tu interior, medita en el día algunos fragmentos de las Escrituras y experimentarás el poder de esta Palabra.

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