Lectura del Santo Evangelio según San Juan 10,1-10:

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de la ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.
Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel,
del Oratorio de San Felipe Neri.
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Mucho ha cuestionado el poder de convocatoria que tiene Jesucristo a través de su Iglesia, muchos políticos quisieran poder convocar multitudes como lo hacía el Papa Juan Pablo II o nuestros obispos, quienes con su presencia y su palabra iluminan al pueblo y le marcan el camino de Dios.
Ya en los tiempos de la reforma en nuestro país los políticos de ese tiempo anhelaron convocar al pueblo y pretendieron hacer del estado una religión, pero las ovejas no escucharon su voz, porque eran extraños. Años después algunos gobernantes pretendieron robar el corazón de las ovejas prohibiéndoles la vivencia de su fe católica y las ovejas tampoco escucharon su voz, en cambio el gobierno de aquel tiempo tuvo que oír la voz de las ovejas, muchas de las cuales se levantaron en armas en la llamada guerra cristera.
En cada generación sucede los mismo, surgen bandidos, ladrones que pretenden utilizar a la gente, aprovecharse de las ovejas, siempre disfrazadas o escondiendo su verdadera intención. Engañando que buscan servir a las ovejas, prometiendo que les van a ayudar, pero al final son bandidos.
Tu eres una de estas ovejas, tus antepasados fueron muy atentos en escuchar la voz del Pastor que es Cristo, ahora te corresponde a ti actuar, discernir si las voces que escuchas en la sociedad son las del Buen Pastor o de un extraño. Jesús siempre te conduce a la verdad, al servicio, al bien común, a la defensa de la vida bajo cualquier circunstancia, a la obediencia a Dios poniéndolo por encima de todas las cosas. A un extraño nunca lo verás sirviendo a Dios en la Iglesia, ni defendiendo la fe cristiana; sólo buscará aprovecharse de ti.
¡Cuidado con los extraños, escucha e identifica la voz de Cristo!

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