Lectura del santo Evangelio según san Juan 6,52-59:

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”.
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo vivo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.
Palabra del Señor.

Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel,
del Oratorio de San Felipe Neri.
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Las palabras de Jesús muchas veces suenan escandalosas para el que las escucha, y concretamente estás sobre su propia carne y su sangre. Y no es que Jesús haya dicho estas palabras en forma simbólica, pues no habrían escandalizado a los judíos quienes habían entendido el sentido real de estas palabras.
Cuando Jesús dice que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida, está indicando la realidad de las especies eucarísticas. Por ello que los primeros cristianos centraron su vida de fe en la comunión del Cuerpo y la Sangre del Señor, bajo las especies de pan y vino consagradas. El fundamento de esta vivencia fueron las enseñanzas del mismo Cristo.
Estas palabras escandalizaron a los judíos y siguen escandalizando a todos aquellos que no reciben la gracia de la fe, porque con la razón es inconcebible que podamos comer el cuerpo y la sangre del Señor, pero por su poder y presencia en medio de la Iglesia, se hace posible esta realidad.
Los cristianos necesitamos la comunión con el Señor, Cristo y yo uno solo, unidos de tal manera que su sangre se una a nuestra sangre, su cuerpo se una a nuestro cuerpo para glorificar al Padre celestial con nuestra vida.

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