La Generación X

Hands writing on old typewriter over wooden table background

¿Cómo surgió la Generación X? Se cuenta que un día Kurt Cobain, de treinta y un años de edad, se colocó el cañón del revólver en la sien derecha y disparó. Así, sin ninguna emoción aparente; sin, al parecer, sentir lo que hacía; y sin importarle su imagen pública, puso fin a su vida uno que era astro del rockn‘roll en la última década del siglo XX.
Cobain era el ídolo de millones de jóvenes y el ganador de millones de dólares. No obstante, torturado por su propio éxito y destrozado por la droga, terminó así su vida. Fue interesante el título que le dieron. Lo llamaron el “Representante genuino de la Generación X”.
Esta es la generación que representa una incógnita, como en el álgebra, en que una “X” representa la cantidad desconocida. Es una generación que los jóvenes mismos llaman “la generación airada, iracunda, colérica, loca”.
El suicidio de Cobain consternó a miles de jóvenes. Una universitaria de Nueva York escribió lo siguiente: “Nos llaman la Generación X, y nadie sabe qué hacer con nosotros. Algunos practicamos el sexo libre, usamos drogas, nos embarazamos, cometemos abortos y nos enfermamos de SIDA. Buscamos cómo escapar de las drogas, del alcohol, de la cocaína y del crack. Somos víctimas de la violencia. Nos hallamos deprimidos, tristes, solitarios. Nos graduamos de las universidades para ir a vender hamburguesas o lavar autos en una gasolinera. Finalmente caemos en la psicoterapia, y un día nos suicidamos.”
Esta chica se graduó con honores, pero el diploma universitario de nada le sirve. El desempleo es un monstruo que los persigue. Su futuro es una X.
Otro testimonio es el de Kirstie Doig, de Youth Intelligence, quien en la conferencia anual de la American Magazine Conference 2000, describió a la gente de la generación X, a la cual pertenece con palabras como las siguientes:
“Mucha gente nos pregunta: ’?ustedes no son la generación apática?‘ Porque cuando se habla de la Generación X la mayoría de la gente piensa en un tipo que se pasa horas despatarrado en un sillón, frente al televisor, con una cerveza en la mano, haciendo sólo eso durante casi todo el día: mirar tele. Pero eso fue a principios de la década del 90. Desde esa época hemos progresado bastante: tenemos familia, tenemos trabajo, disfrutamos de nuestros trabajos y de la vida.
En primer lugar, cuando pensamos en la generación X pensamos en personas de entre 24 y 37 años. Ya crecimos. Ya no somos adolescentes. Ésa es la generación siguiente (la Generación Y). Nosotros fuimos la primera generación que se crió con la ruptura verdadera del hogar tradicional.
Durante nuestra infancia la cantidad de divorcios aumentó más de 50%. ¿Eso qué implica? ¿Confianza? Éramos niños que teníamos la llave de la puerta de casa desde chiquitos; éramos hijos en hogares uniparentales. Por primera vez dejaba de existir la idea de dos padres, dos hijos, un perro, un gato y una cerca blanca rodeando el jardín. Teníamos que arreglarnos solos”.
Y tiene toda la razón. Estos jóvenes se han enfrentado a duros retos. En ellos se han resquebrajado muchos paradigmas y valores morales. Como dice esta joven, fueron criados en un mundo decadente, escuchando frases inquietantes como: “Si comen tostadas van a tener cáncer”, o “diviértanse en la playa, pero cuiden de no pisar ninguna aguja”. Crecían mientras en todas partes dañábamos el medio ambiente. Y durante la década del ‘70 y principios de la del ‘80 la gente, de pronto, comenzó a darse cuenta. Pero aún no había soluciones. Ese enorme agujero en la capa de ozono nos iba a provocar cáncer de piel, pero aún no teníamos protector solar factor 30. Y ellos se preguntaban “¿qué vamos a hacer?”.
También se criaron con la amenaza de la muerte. Una amenaza que no estaba en la posibilidad de una guerra mundial, sino que estaba en la casa del vecino, en la calle, en la escuela. Y los mayores decían: “Digan siempre no a un extraño”; “cuidado con las relaciones sexuales, porque el embarazo no es el único peligro, también está la muerte”; “cuidado al cruzar la calle, miren antes a izquierda y derecha, pues un auto puede pasar a toda velocidad y aplastarlos”, o “cuidado al caminar por ciertos lugares, porque los puede matar una bala perdida”. Las escuelas tampoco eran ya lugares seguros. De manera que la amenaza de muerte estaba mucho más cerca que antes.
Cuando todos nos criticaban por no interesarnos en lo que estaba pasando en el mundo, era sólo porque estábamos muy ocupados tratando de manejar todos nuestros miedos, sentencia Kirstie Doig.
También crecieron en la década del ’80, una década de codicia y ambición. “Nos enseñaron que debíamos querer tener ese Porsche rojo que nos llevara a nuestra mansión, elegantemente enfundados en un traje de Armani. Cuando llegamos a la década del 90 e intentamos conseguir nuestro primer empleo, adivinen qué pasaba: había recesión; no se podía tener ninguna de esas cosas que nos habían enseñado que deberíamos esforzarnos por conseguir”, advierte Doig.
Es una generación que bajó mucho en su rendimiento escolar. Dice Doig, “Parecíamos una generación de burros”. Quizá, la razón estriba, en que estos jóvenes estaban más preocupados en resolver sus miedos y angustias que en las matemáticas, sin padres en casa para darles tranquilidad y apoyarlos en sus tareas académicas.
En cuanto a la Generación del Milenio, al definir a sus integrantes como a la generación que nació durante, o luego de 1982, Strauss los considera la más numerosa, la más rica, la mejor educada y la más étnicamente diversa de las generaciones. También fueron entrenados para ser actores y para alcanzar sus metaza. Aunque es una generación en construcción, habrá que seguirle las pistas; saber cuáles son sus íconos, sus hábitos y sus propuestas. Tal vez los Backstreet Boys, ya no sean sus ídolos.

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